En un país en donde durante décadas niños y niñas han crecido cercanos a la guerra y en muchos casos la han perpetrado con el ánimo de venganza, se vuelve fundamental mirar hacia adentro. Conocer qué hay ahí, de qué está hecho el dolor y la carga emocional de la guerra y tener entonces, desde la conciencia una postura socio-política diferente.

“Cuando tu conciencia se dirige hacia fuera, surgen la mente y el mundo. Cuando se dirige hacia adentro, alcanza su propia fuente y regresa a casa, a lo no manifestado” plantea Eckhart Tolle en su libro El Poder del Ahora.

Desde el programa Respira en Colombia, del cual soy Coordinadora, nos hemos planteado el ejercicio de la conciencia como una postura política en si misma. En Respira, trabajamos para incorporar la práctica de Mindfulness- o en español Conciencia Plena- en distintos contextos de la sociedad con el fin de aportar al bienestar y a la construcción de paz de adentro hacia fuera en comunidades afectadas por el conflicto armado o distintos tipos de violencia.

En un país en donde durante décadas niños y niñas han crecido cercanos a la guerra y en muchos casos la han perpetrado con el ánimo de venganza, se vuelve fundamental mirar hacia adentro. Conocer qué hay ahí, de qué está hecho el dolor y la carga emocional de la guerra y tener entonces, desde la conciencia una postura socio-política diferente. Una postura que en la mitad del campo, en donde verdaderamente se vive el conflicto armado en Colombia la apuesta pueda ser la de la paz.

Mindfulness es una práctica de desarrollo personal basada en la auto-observación y el entrenamiento mental. Ayuda a fomentar una presencia más equilibrada a través de una variedad de ejercicios simples pero profundos como la observación intencional de la respiración natural o la conciencia de nuestros pensamientos, emociones y estados de ánimo. Mindfulness nos ayuda a abrir nuestra conciencia al momento presente observando, aceptando, y sin juzgar cualquier experiencia que nos esté surgiendo.

Tres regiones afectadas por el conflicto armado en el país votaron “No” al plebiscito. Sobrevivientes de minas antipersonales del departamento del Meta (una de estas regiones), respondían por qué había ganado el “No” en esa zona; decían que muchas de las víctimas que ellos conocían sentían que no querían perdonar, que las condiciones que les iban a dar a los de las Farc no les parecían justas. “¿Por qué ellos van a salir ganando?”, se preguntaban. Al preguntar directamente a algunas de las víctimas con las que trabajamos en nuestro programa Respira en Comunidad en Tumaco, una de las regiones más afectadas por la guerra ,qué habían votado ellos, contestaban que habían votado por el “Sí”. Contaban que quieren estar en paz, y el perdón que empieza por ellos mismos es esa posibilidad.

Las víctimas que ven sus heridas, que viven y conviven en un cuerpo, una historia, un territorio que habla de las marcas de la violencia, merecen una segunda oportunidad. Merecen mirar su humanidad, su cuerpo, su historia y reconocerla, acogerla justamente para darse cuenta que su presente puede ser diferente si se cultiva una disposición de la mente hacia la comprensión y la regulación emocional. Si hay una invitación al perdón, si hay una perspectiva del futuro en donde ellos ya no hablen a sus hijos de venganza.

Según Shapiro et al. (2006) la práctica de  mindfulness ayuda a cambiar nuestra relación con los pensamientos y emociones, resultando en mayor claridad, perspectiva, objetividad y menor reactividad. De hecho estudios empíricos han demostrado que esta herramienta y la impulsividad están generalmente co- relacionadas a la inversa; individuos que reportaron mayores niveles de conciencia plena son menos impulsivos y vice versa (Murphy y MacKillom, 2011 y Peters et al, 2011). De igual forma otros estudios han evidenciado que las personas que son capaces de actuar con más conciencia tienen mayor capacidad de percibir mayores niveles de paz mental (Lee et al, 2013). Esto lo pudimos observar en Tumaco con las personas con las que hemos trabajado en Respira.

Viviendo en un país como Colombia y trabajando con víctimas nos damos cuenta que cuando hay odio, de fondo lo que hay es un enorme miedo, miedo al otro, miedo a las circunstancias lo que coarta en las personas la posibilidad de mirar al otro desde la empatía, y una vez más desde la humanidad.  Ahí se generan las cadenas de violencia.

Si una persona es capaz de responder desde la conciencia en vez de reaccionar frente a un acto de violencia, es muy posible que esa cadena de violencia no se perpetúe. Si la comunidad va generando resistencia pacífica, es más probable que los perpetradores de actos violentos también cambien sus dinámicas.

Los seres humanos somos resultado de nuestros contextos, de nuestros contactos con otros seres humanos, de nuestras relaciones. Como un espejo reproducimos lo que nos es dado. Si el trabajo interior de un grupo de individuos permite ofrecer una respuesta pacífica ante la violencia, creemos, profundamente que el cambio en los actores del conflicto y en la sociedad en general es posible.

Mindfulness es una herramienta que puede contribuir de manera sustancial al proceso de construcción de paz en Colombia,  a ese que empieza en cada individuo para poder lograr un estado de paz más duradero y sostenible a nivel individual y colectivo, porque como bien lo dice Tolle, cuando la conciencia se dirige hacia adentro es cuando vuelve a casa, y cuando vuelve es cuando realmente se puede cultivar el perdón, la empatía y la compasión, sentimientos tan necesarios en un país como Colombia que por más de 50 años ha sufrido los horrores de la guerra.

Ahí, adentro de los seres humanos, en lo que sucede internamente en cada uno de ellos, es desde donde se genera una respuesta y un hacer político que redunda en lo comunitario; nuestra apuesta es que ese hacer venga de la conciencia de la paz. De habitar otra vez lo que es humano; que es la victoria de la guerra cuando ésta dimensión se invisibiliza.

Camila Díaz Samper
Coordinadora del programa RESPIRA en Colombia

Fuente original: La Silla Vacía

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