El modelo se llama Comunidades de Aprendizaje y está orientado, a la luz del pensamiento de Paulo Freire, a transformar la manera tradicional de educar.

Por: Vanessa Vivas Camargo*

Madruga el campo con el canto de las aves que suena a esperanza, amanece en Latinoamérica y la cordillera de Los Andes, el Río Amazonas, el Océano Pacífico y otras conexiones que atraviesan el continente, conectan nuestra identidad. Son millones de familias campesinas las que mantienen viva la herencia de la tierra que alimenta como ninguna otra, que da flores y frutos de todos los colores y sabores y alberga nuestras historias de fuerza como región, Latinoamérica está más viva que nunca.

En los últimos cinco años, más de 3.200 escuelas, en su mayoría rurales, en todo el continente han abierto las puertas a una nueva forma de ser y hacer educación; el modelo se llama Comunidades de Aprendizaje y está orientado, a la luz del pensamiento de Paulo Freire, a transformar la manera tradicional de educar, para pasar de una mirada vertical a una en la que estudiantes, docentes, directivas y familias sean protagonistas del proceso y que las escuelas no sean tan solo reproductoras de conocimiento sino ejes de la construcción social de los territorios, la escuela como centro de aprendizaje para todas las personas que la rodean.

Son 2.061 escuelas en Argentina, 477 en Brasil, 105 en Colombia, 53 en Chile, 13 en Ecuador, 148 en México, y 132 en Perú, las que han sido tierra fértil para esta semilla que ha crecido en raíces y ha empezado a dar frutos; en cada uno de estos países existen organizaciones de la sociedad civil que lideran la implementación del proyecto, con la financiación de Natura Cosméticos, y que han emprendido la tarea de promover principios y prácticas de inclusión, igualdad y diálogo? para la transformación de los entornos escolares.

En la práctica, Comunidades de Aprendizaje se basa en la teoría del Aprendizaje Dialógico y en un conjunto de metodologías llamadas Actuaciones Educativas de Éxito, que funcionan de forma eficaz en el aula, dinamizan la gestión escolar y tienen como resultado el empoderamiento de niños y niñas en sus procesos de reconocimiento del mundo, y que desembocan también en el involucramiento de sus familiares en los procesos educativos, tanto de sí mismos como de los estudiantes y de las comunidades como tal, volviendo a la escuela como voluntarios que acompañan las actuaciones, reconociendo como posible un rol de maestros y a la vez estudiantes desde su ejercicio como parte del núcleo familiar.

Amanece en Latinoamérica y miles de padres, madres, docentes que también son padres o madres, y todos ellos que fueron niños y niñas vuelven a encontrarse en la escuela con miles de niños y niñas del presente, para gestionar una transformación conjunta llena de sueños cumplidos como la construcción de una vivienda digna para su profesora, la dotación deportiva de su colegio, el cambio del entorno de violencia por uno de respeto en el que la palabra es devuelta a cada uno y cada una, porque es su derecho, porque la educación en condiciones dignas debe ser pensada para dotar a las personas de la palabra y a la palabra de sentido y ser un lugar para el cambio y la contrucción de seres humanos felices. Así funciona Comunidades de Aprendizaje. La transformación está ocurriendo y continuará en este 2019.

Nota: Si le interesó lo que leyó, explore el documental Caminantes del viento, una historia de Comunidades de Aprendizaje en Perú: https://youtu.be/uLVxfsjlewY y este otro sobre la implementación del proyecto en el Colegio Luis Carlos Galán Sarmiento en Itagüí, Antioquia: https://youtu.be/o2lJrWtANgw

*Miembro del equipo de comunicaciones en la Fundación Empresarios por la Educación, una organización de la sociedad civil que conecta sueños, proyectos, actores y recursos para contribuir al mejoramiento de la calidad educativa.

Fuente original: EL MUNDO

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