Teniendo en cuenta las tasas de expansión de la educación, y de acuerdo con el Informe de 2016 “Seguimiento de la Educación en el Mundo” de Unesco, lograr la finalización universal de la primaria para América Latina y el Caribe solo se alcanzará en el año 2042.

 

Por: Luz Yesenia Moscoso Ramírez*

Este mismo informe pronostica que, para 2030, sólo el 73% de los jóvenes entre los 15 y 19 años completará la educación secundaria superior, el 90% completará la educación secundaria inferior y que, al ritmo actual, solo en 2095 la región alcanzará la enseñanza secundaria superior universal.

Aunque para un lector desprevenido puede tratarse simplemente de porcentajes, estas cifras hacen referencia a millones de niños, niñas y adolescentes que pasarán su vida esperando un catalizador que acelere el ritmo de desarrollo en las políticas educativas para garantizar una educación de calidad inclusiva, en condiciones de equidad, que promueva oportunidades de aprendizaje a lo largo de la vida para todos y todas.

Lo cierto es que la falta de acción de los gobiernos no se debe al desconocimiento sobre la importancia de fortalecer los sistemas educativos en cada país. Justamente, en septiembre de 2015, durante la Cumbre de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, todos los miembros aprobaron “garantizar una educación de calidad inclusiva y equitativa que promueva oportunidades de aprendizaje a lo largo de la vida para todos”, como el objetivo número 4 (de los 17 en total) de la Agenda de Desarrollo Sostenible 2030.

¿Qué falta entonces para lograr la real garantía del derecho a una educación de calidad? El pasado 24 y 25 de enero se llevó a cabo en Buenos Aires la Reunión Regional de Ministros de Educación de América Latina y el Caribe E2030: Educación y habilidades para el siglo XXI, organizada por la Oficina Regional de Educación de la Unesco para América Latina y el Caribe y el Ministerio de Educación y Deportes de la República Argentina. Además de informar sobre las metas de la agenda 2030 y su marco de acción, se buscaba construir una visión compartida de E2030 para generar estrategias y programas nacionales y regionales para el periodo 2017-2030.

Si bien estos encuentros propician diálogos entre ministros y tomadores de decisión importantes para el futuro y para la ejecución de políticas educativas en cada país, las discusiones suelen encasillarse en los: “qué” más que en los: “cómo”. La adopción de la declaración debe ir más allá y establecer un compromiso claro que tenga en cuenta medios de implementación e instrumentos y mecanismos de seguimiento públicos que le permitan a la sociedad civil aportar y ser veedora de los compromisos establecidos.

Reduca, como invitada a esta reunión de ministros y como representante de 14 organizaciones de la sociedad civil latinoamericana, hizo un llamado a la acción en varios ámbitos urgentes para la región que buscan precisamente pasar de los “qué” a los “cómo” que contempla: contar con información relevante y oportuna sobre los componentes de los sistemas escolares, su evolución y desempeño, en sistemas transparentes, abiertos y verificables; atender y construir desde y para la diversidad, garantizando los derechos y haciendo los ajustes de equidad que permitan superar servicios precarios y condiciones de desventaja; replantear logros de aprendizaje en el marco de los derechos humanos; renovar la identidad y el alcance de la profesión docente y del liderazgo escolar, y promover un enfoque innovador sobre la calidad de la educación en el marco del aprendizaje a lo largo de la vida.

No esperemos al 2042 o al 2095 para aportar en la construcción de una educación que forme mejores seres humanos, con capacidades para leer críticamente su contexto y aportar a sociedades más justas y equitativas, una educación que complete el tan anhelado 100%, con todo y lo que ello implica.

*Encargada temática de Reduca en la Fundación Empresarios por la Educación, una organización de la sociedad civil que conecta sueños, proyectos, actores y recursos del sector empresarial, para contribuir al mejoramiento de la calidad educativa.

Fuente original: EL MUNDO

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