Los estudiantes tienen algo que no debemos obviar quienes queremos liderar el cambio en educación: optimismo, una característica fundamental de los ciudadanos activos.

Por: Sonia Vallejo Rodríguez*

Este mes he presenciado dos escenarios en los que se manifestaron el ímpetu, la fuerza y el compromiso de los jóvenes de nuestro país.

El primero, las fiestas de Cartagena: las calles estaban llenas de personas de todas las edades, pero en especial de jóvenes, que bailaban, cantaban y jugaban en una sinergia no hablada que nos dejó lelos a los rolos y extranjeros que visitábamos la ciudad. Contagiados de sus ritmos africanos que conmemoraban ser la primera ciudad libre de la corona española, intentamos sumarnos a la fiesta popular.

El otro escenario, las marchas de los estudiantes en Bogotá, en las que también los cantos, las coreografías y múltiples expresiones artísticas danzan sus trayectos para reclamar mejores condiciones de financiamiento para la educación pública en el país.

Como escribe Salam al – Nukta, una joven líder del movimiento por la educación y los derechos de la mujer “Las masas de jóvenes constituyen una gran oportunidad para nuestro planeta… Nosotros los jóvenes tenemos la responsabilidad de crear un mundo en el que la educación no sea un privilegio ni un premio, sino un derecho humano fundamental”.

Pero las masas de jóvenes no son siempre vistas con buenos ojos. Al presentarse episodios de violencia bidireccional entre la fuerza pública y algunas personas que han querido sabotear la movilización de los jóvenes, o cuando por ejemplo se bloquean las calles haciendo el tráfico lento, no todo el mundo se conecta con la intención de fondo. ¡Que pereza esos revoltosos! ¡Para que pagarles la universidad a esos vagos! Y se difumina así la participación de los jóvenes como factor clave para hacer valer el derecho de todos a la educación.

¿Qué motiva a un joven a parar, salir a la calle y poner en riesgo su semestre? Los estudiantes tienen algo que no debemos obviar quienes queremos liderar el cambio en educación: optimismo, una característica fundamental de los ciudadanos activos. Pese a las situaciones adversas que nos saturan, es necesario. Nos invita a descubrir, a imaginar, a arriesgarnos por la posibilidad de un mundo y de una educación mejor que nosotros mismos podemos ser capaces de construir.

Salam al – Nukta explica cómo la participación de los jóvenes no sólo se da a través de marchas. Muestra posibilidades en los escenarios de rendición de cuentas de los gobiernos locales y nacionales, desde el activismo internacional o socializando sus iniciativas en foros locales y en escenarios de formación o apropiación de la Colombia en transformación, todos ellos espacios fundamentales para compartir sus aspiraciones y concretar compromisos con y de la juventud.

No hay una receta única para el éxito en dicha participación, pero sí genera retos como la necesidad de ser rigurosos en la interpretación de los contextos y situaciones a defender con respecto al derecho a la educación, con información verídica; o como la necesidad de organizarse desde el pensamiento y la acción, para actuar colectivamente, comprendiendo los roles y alcances de los actores que hacen parte del sistema educativo. Deben definir los puntos clave que quieren defender, con los que se puedan identificar la mayoría de los ciudadanos, conocer su viabilidad y estrategias de implementación; y aprovechar su energía, ímpetu y alegría, no sólo para estar en las calles, sino para negociar con los interesados, construyendo conocimiento alrededor del tema, debatiendo con argumentos y aprendiendo juntos.

Digo SÍ a la participación de los jóvenes en las decisiones, planes y estrategias educativas de nuestro país, NO a los actos de fuerza que le restan el valor a la participación y concertación de las ideas, y nuevamente digo SÍ a los liderazgos de los jóvenes que comprenden que sin educación, no sólo ponemos en peligro su futuro, sino la felicidad y la prosperidad de las generaciones venideras.

*Gerente Línea Liderazgo Educativo en la Fundación Empresarios por la Educación, una organización de la sociedad civil que conecta sueños, proyectos, actores y recursos para contribuir al mejoramiento de la calidad educativa.

Fuente original: EL MUNDO

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