Tras más de medio siglo de conflicto armado en Colombia, ¿qué tendrá que ver la educación científica con los retos que enfrentaremos en el posconflicto?.

Tras más de medio siglo de conflicto armado en Colombia, ¿qué tendrá que ver la educación científica con los retos que enfrentaremos en el posconflicto?

Si echamos un vistazo a los titulares noticiosos, la desaparición de ríos por minería ilegal, la pérdida de las propiedades productivas del suelo, poblaciones y especies contaminados por mercurio, bosques y cerros incendiados, problemas en la alimentación escolar por salubridad y calidad, entre otros, nos llevan a reconocer que “lo científico” trasciende la mera producción de conocimientos, para instaurarse en prácticas sociales, económicas, culturales y ambientales.

En este sentido, la pregunta que no se agotará en este texto pero que vale la pena dejar abierta a la reflexión es ¿qué aproximación a “lo científico” nos forma mejor como ciudadanos de cara al posconflicto?

Si el recorrido por las noticias nos traslada a El Salado, donde “campesinos de los Montes de María, víctimas del conflicto armado, lideran hoy iniciativas para proteger el bosque seco tropical del Caribe colombiano, construyen cocinas eficientes para reducir la tala, y crean huertas caseras para garantizar su seguridad alimentaria en época de sequía”, cabe preguntarnos ¿qué nuevo lugar deberá tener la educación científica?

Si bien en nuestro país ser competente científicamente se asocia en primera instancia con la capacidad que tienen “los científicos” para adquirir y generar conocimientos; las preguntas arriba formuladas nos ubican en la posibilidad que tienen las ciencias de contribuir, más allá de sus prácticas específicas, a enriquecer y cualificar la formación ciudadana.

Esta perspectiva nos sitúa en la escuela como uno de tantos escenarios donde, dependiendo del contacto que se establezca con la ciencia, se pueden abrir nuevos espacios que fortalezcan la democracia a partir del desarrollo de la capacidad crítica, reflexiva, analítica y de argumentación para construir acuerdos básicos que potencien los vínculos sociales.

La ciencia en la escuela no puede concebirse como aislada de la vida social, pues la escuela en sí no puede sustraerse de ella. Precisamente allí, la ciencia es reconocida como práctica social y da forma a nuestra manera de comprender los contextos y sus relaciones biológicas, históricas y culturales, pero también ético-políticas, que de algún modo explican el presente y generan condiciones de posibilidad para la construcción permanente de un mundo deseable, tal como lo vienen haciendo en El Salado.

Es clave entonces comprender y dimensionar el potencial que tiene la ciencia escolar para generar cambios en las formas de crítica y autorreflexión, y de diálogo y cooperación, esenciales en el marco de las actuaciones ciudadanas en situación de posconflicto, asunto trascendental en la construcción de consensos sociales y prácticas cuidadosas que este nuevo escenario requiere.

Esto, a su vez, implica una relación pedagógica distinta entre los actores de la escuela y el saber científico social y natural. Hablo de una relación que comprenda la investigación como ruta pedagógica, en la que valgan la curiosidad, la flexibilidad, la persistencia, la incertidumbre, la reflexión sobre el pasado, el presente y el futuro, y el deseo y la voluntad de valorar críticamente las consecuencias de los descubrimientos e impactos científicos.

Hay tanto que comprender y profundizar en este campo, que por ahora sólo intento provocar e invitar a que como país y como sector educativo retomemos, a partir del liderazgo pedagógico y transformador, lecturas del contexto diversas e interdisciplinares que permitan vivir la ciencia en la escuela como condición de posibilidad para situarnos constructivamente en la Colombia del postconflicto: un país con posibilidades para esta generación y las venideras.

Sonia Vallejo*

*Gerente del Centro de Liderazgo en la Fundación Empresarios por la Educación, una organización de la sociedad civil que conecta sueños, proyectos, actores y recursos para contribuir al mejoramiento de la calidad educativa..

Fuente original: EL MUNDO

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