Si el gobierno se lo propone, el Pacto por Colombia podría llegar a ser el resultado de la participación activa de las comunidades educativas, de consensos sobre el tipo de educación que deseamos, y del compromiso de todos para cumplir con lo pactado.

Cada Plan Nacional de Desarrollo pone en juego la oportunidad para fortalecer nuestra democracia y no reducirla a una expresión de las mayorías en las urnas. Tantos años de conflicto nos han hecho aprender que construimos país cuando todos, sin exclusión, podemos realizarnos y gozar plenamente de nuestros derechos.

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Para construir una democracia primero hay que imaginarla. Así lo afirmó el chileno Norbert Lechner en las primeras décadas del Siglo XXI.  Por eso creemos que el Pacto por Colombia, propuesto por el actual gobierno como estrategia para formular el Plan Nacional de Desarrollo 2018 – 2022, señala el mejor momento para unirnos como colombianos e imaginar nuevos caminos para alcanzar nuestros sueños.

Puesto que, de cara a materializar lo que anhelamos, soñar no es suficiente; este nuevo Plan es un escenario primordial para participar y vincular a todos los sectores de la sociedad en su construcción. También, representa la oportunidad para cambiar nuestra historia de “dejar de hacer y dejar pasar”. En el país se han firmado muchos pactos por la educación que aún no se cumplen, como el caso de los planes decenales que hacen parte de la larga lista de acuerdos pendientes por cumplir. Sin embargo, los pactos que permiten a cada quién encontrar la mejor manera de aportar, siguen siendo esenciales para mejorar la educación.

Como llegar a acuerdos no es fácil, pero es necesario, en el sector educativo los pactos han logrado que diversos colectivos, más allá de sus diferencias, definan lo que esperan de la educación como, por ejemplo, acordar lo que quieren enseñar y cómo les gustaría aprender. Si el gobierno se lo propone, el Pacto por Colombia podría llegar a ser el resultado de la participación activa de las comunidades educativas, de consensos sobre el tipo de educación que deseamos, y del compromiso de todos para cumplir con lo pactado.

De los cincuenta desafíos que este Pacto definió para que los ciudadanos formulemos propuestas, diecisiete están relacionados con la educación. Convertir dichos desafíos en iniciativas concretas, realizables para las instituciones y legitimas para las personas que necesitamos educarnos, no debería ser un interés exclusivo del Gobierno sino de la sociedad en su conjunto.  Para ello, este Pacto tendrá que cambiar el paradigma de la participación consultiva y darle paso a estrategias que permitan a las comunidades: 1. Ampliar la discusión sobre los ejes del Plan. 2. Acompañar la definición de prioridades y nuevos desafíos. 3. Revisar la viabilidad técnica, financiera y jurídica de las propuestas. 5. Contribuir en la implementación de lo planeado. Y 6. Realizar seguimiento a los compromisos.

Los retos y recomendaciones planteados por el informe Ideas para Tejer, recientemente publicado por la Fundación Empresarios por la Educación, entre otros documentos elaborados por la sociedad civil, son un referente fundamental a la hora de ampliar la comprensión sobre las prioridades y desafíos que pueden abordarse durante los próximos cuatro años, entre los que se destacan las inequidades con foco en las ruralidades, el aprendizaje como razón primordial de la educación, la financiación pública y la inversión del sector privado, las capacidades regionales para la descentralización y el fortalecimiento del sistema educativo del país.

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Esto no significa que al tener en cuenta las recomendaciones de los diferentes sectores, involucrar a las comunidades y acompañar al Gobierno, el Pacto por Colombia le cumpla a la educación. Para lograrlo necesitamos personas que valoren cada vez más la educación, dispuestas a movilizar sueños, generar sinergias y trazar rutas para hacerlos realidad. En otras palabras, necesitamos mantener viva la llama por la educación en nuestras actuaciones y las del Gobierno.

*Asesor en la Fundación Empresarios por la Educación, una organización de la sociedad civil que conecta sueños, proyectos, actores y recursos para contribuir al mejoramiento de la calidad educativa.

Fuente original: EL MUNDO

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