Análisis de la Fundación Empresarios por la educación sobre el papel de la evaluación en el desarrollo y mejoramiento de las instituciones educativas

 

Por: Alba Nury Martínez Barrera*

De acuerdo con la Revisión de Políticas Nacionales realizada por la Ocde, Colombia cuenta con “uno de los sistemas de información más robustos de América Latina y continúa invirtiendo en el mejoramiento de los sistemas de gestión y recopilación de datos”. Además, destaca la información recopilada periódicamente por el Icfes y resalta su capacidad de gestión frente a esta tarea en el país.

Precisamente, esta semana se publicaron los resultados de las pruebas Saber , que hacen parte del sistema nacional de evaluación estandarizada, gracias al cual el MEN realiza un monitoreo constante al logro de los objetivos de aprendizaje a lo largo del ciclo de educación básica, media y superior.  Para el nivel de básica se evalúan de manera común las áreas de matemáticas y lenguaje; mientras que las pruebas de ciencias naturales y pensamiento ciudadano sólo se aplican en los grados 5º, 7º y 9º.

El progreso obtenido refleja un avance importante para el país, y es necesario ir más allá de los puntos porcentuales incrementados de un año a otro e identificar las acciones que lo han permitido, profundizar en ellas y, sobre todo, intensificar sus efectos positivos. Es clave reflexionar más allá de la estandarización de la evaluación y la estructuración de rankings a partir de los resultados, asumir un rol mucho más activo en el análisis de esta información y promover su uso para plantear mejoras en los colegios.

Para el programa Rectores Líderes Transformadores, que ha fortalecido a más de 1200 rectores de colegios públicos del país, uno de los pilares que orienta el liderazgo educativo es el desarrollo y el fomento de una cultura de evaluación formativa: esto es, pensar en los momentos evaluativos como el punto de partida de un proceso constante de mejora, y no como el punto de llegada para emitir un juicio sobre quién lo logró y quién “se rajó”. Lo anterior implica un ejercicio de balance para los actores evaluados en torno a la pregunta del logro de los objetivos establecidos, un espacio en el que la reflexión sobre las razones que llevaron a lograr o no las metas conllevan a momentos de retroalimentación efectivos y de concertación de nuevas metas.

En un contexto en el que nos inundan los rankings y las comparaciones, a menudo odiosas, realizadas a partir de los resultados de pruebas estandarizadas, es propicio reflexionar sobre estos asuntos y su aplicación en las instituciones educativas.  La entrega de estos resultados es un buen momento para perder el miedo a este tipo de discusiones y centrar el rol del liderazgo en la identificación de posibilidades de mejora para la transformación de los procesos educativos, asumiendo la evaluación como un medio para mejorar y no como el fin último de las instituciones, analizando los cambios a la luz del contexto diverso de cada región.

En el mismo informe, la Ocde establece la necesidad de “cerrar la brecha entre la calidad de los datos y la capacidad para usarlos”, un reto enorme para el sector, frente al que el MEN ha logrado avances significativos mediante la consolidación del Día-E como un escenario de reflexión y sensibilización sobre los resultados obtenidos por los colegios en el Índice Sintético de Calidad Educativa, un espacio importante en el que las preguntas sobre el progreso promedio, pero también sobre la disminución de las brechas entre los estudiantes más sobresalientes y aquellos a los que más les cuesta, deben ser el eje de la discusión.

Las mejoras en el aprendizaje sólo se pueden garantizar desde el liderazgo pedagógico de directivos y docentes que asuman la comprensión y el análisis de los resultados obtenidos como el motor para plantear la construcción de una visión compartida sobre las metas de aprendizaje institucionales, en un proceso que involucre a todos los actores de la comunidad educativa, y en el que medien la comprensión del contexto de la institución y el compromiso de los cambios necesarios para lograr la meta.

*Coordinadora del sistema de evaluación de RLT en la en la Fundación Empresarios por la Educación, una organización de la sociedad civil que conecta sueños, proyectos, actores y recursos para contribuir al mejoramiento de la calidad educativa.

Fuente original: EL MUNDO

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