Análisis de la Fundación Empresarios por la educación sobre el papel de la escuela en la formación de las emociones.

 

Por: Mayte Beltrán Ventero*

Hace tan solo un mes, Bogotá fue sede de la 16 Cumbre Mundial de Premios Nobel de Paz, primera ciudad latinoamericana en ser elegida por su capacidad para evolucionar y responder al desafío de la paz y, por ende, ostentaremos por un año el título de Ciudad mundial de paz.

Quienes asistimos, tuvimos la oportunidad de escuchar mensajes inspiradores de los cerca de 30 Nobel de Paz galardonados por sus aportes en la construcción de paz que nos dejaron reflexiones que todavía masticamos y que alimentan nuestras propias acciones y emprendimientos de paz.

Como lo expresó el expresidente y Nobel Óscar Arias, estamos viviendo la “primavera de la esperanza”, este proceso de consolidación de la paz, que a pesar de la insensatez, la desesperación y la incredulidad de muchos, no vencerá a quienes cada vez más creemos y aseguramos que el tiempo de la paz llegará, no en un futuro inmediato, pero llegará.

Y para ello, considero que falta un compromiso real desde cada uno de nosotros con el futuro del país. Creo que este momento único que estamos viviendo no lo podemos dejar pasar sin hacernos responsables de lo que nos corresponde de camino a la reconciliación en el postconflicto. Son muchos los retos que vienen para Colombia tras la firma del acuerdo de paz y para enfrentarlos se requiere de nuestro valor y coraje, y también de aprender a ceder, no como signo de debilidad, sino como signo de fortaleza y amor hacia nuestro país.

Este mensaje de responsabilidad colectiva se recreó de una manera sentida y simbólica en la inauguración de la Cumbre, a través de la obra Victus de Casa ensamble, protagonizada en honor a todas las víctimas del conflicto armado por exguerrilleros de las Farc, exparamilitares, miembros de la sociedad civil y exmiembros de la fuerza pública, en la que nos invitaron a crear una nueva historia para el país. Desde el escenario los participantes de la obra fueron pasando un telar blanco entre los asistentes y laureados, dejando el mensaje de compromiso personal con el tejido social para la paz.

Este proceso no es lejano a cada uno de nosotros, nos pertenece y nos compromete, en detalles pequeños y cotidianos: desde cualquier lugar que nos encontremos podemos aportar a la reconciliación y al perdón.

¿Pero cómo pensar en la paz sin la educación como instrumento para alcanzarla? La educación es primordial para formar mejores seres humanos, en palabras de Anthony Lake, exdirector de Unicef (organización laureada en1965): “si no educamos las mentes y sanamos los corazones a los niños de hoy, ellos replicarán el odio a nuevas generaciones”. Entonces, urge más que nunca educar en valores, capacidades, conocimientos y actitudes que cambien comportamientos que prevengan la violencia y que ayuden a generar condiciones que conduzcan a la paz.

La activista iraní Shirin Ebadi, ganadora del Nobel de Paz en 2003, recomendó a los colombianos no olvidar los acontecimientos que tuvieron lugar en los años del conflicto armado. Recogiendo su mensaje, quisiera para finalizar dejar la invitación a que desaprendamos el odio y la guerra, sin olvidar nuestra historia pues, como dice Hannah Arendt en su libro En el camino de la comprensión hacia el juicio: “Para el mundo y en el mundo, solo permanece lo que se puede comunicar. Lo incomunicado, lo incomunicable, eso que no se conto? a nadie y no dejo? huella en nadie, lo que por ninguna vía penetra en la conciencia de los tiempos y, carente de significado, se hunde en el oscuro caos del olvido, esta? condenado a repetirse; y se repite, pues, aunque haya ocurrido de verdad, no encontró en la realidad un refugio estable”.

*Directora de los capítulos Bogotá y Cundinamarca en la en la Fundación Empresarios por la Educación, una organización de la sociedad civil que conecta sueños, proyectos, actores y recursos para contribuir al mejoramiento de la calidad educativa.

Fuente original: EL MUNDO

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