“Corrió ya el primer mes de 2017 y se respira un ambiente de desconcierto en el país. Hay quienes creen que el 2016 fue un año maravilloso en el que se firmó la paz y se puso fin a más de 50 años de conflicto armado, y hay quienes creen que el Acuerdo no incluye lo necesario para avanzar hacia la construcción de una “verdadera” paz”.

 

Por: Alberto Espinosa López*

Corrió ya el primer mes de 2017 y se respira un ambiente de desconcierto en el país. Hay quienes creen que el 2016 fue un año maravilloso en el que se firmó la paz y se puso fin a más de 50 años de conflicto armado, y hay quienes creen que el Acuerdo no incluye lo necesario para avanzar hacia la construcción de una “verdadera” paz.

Creo que la reflexión constructiva debe enfocarse en definir cuál es la “verdadera” paz y cómo es la Colombia que queremos dejar a nuestros hijos y nietos quienes hemos vivido en medio de la violencia desde que nacimos.

Para mí, la paz comienza por estar en paz conmigo mismo antes de buscar la paz con los demás; por ser capaz de convivir en armonía con quienes me rodean; resolver conflictos y diferencias en forma respetuosa, constructiva y efectiva; comprender al otro como un ser humano con creencias, valores, sueños y vivencias propios y respetables, y dar prioridad a los intereses colectivos sobre los particulares.

La construcción de la paz requiere educación y liderazgo, implica una transformación cultural profunda, “formar” seres humanos responsables y solidarios, que comprenden qué significa “ser humano”, que se preguntan qué es la vida y qué es la muerte. Requiere analizar seres humanos destacados, civilizaciones, culturas, estados y ciudades que han logrado resultados sobresalientes en lo económico, lo científico, lo espiritual, lo cultural, lo social y lo ambiental; y estados que se han recuperado después de guerras, conflictos internos, desastres naturales, dictaduras infames o circunstancias y condiciones que requirieron el liderazgo y compromiso de todos y que hoy son ejemplo de desarrollo, convivencia, progreso y armonía.

Al recorrer ciudades y regiones de nuestro país, vemos cómo han tenido periodos de violencia, corrupción y atraso, y épocas de progreso, mejoramiento y desarrollo. Detrás de toda gran transformación hay líderes y grupos de personas que asumieron la responsabilidad de construir un futuro mejor para ellos, sus familias, sus comunidades, su ciudad y su país.

Es tiempo de preguntarnos quién soy, cómo soy, cuál es el sentido de mi vida, qué huella quiero dejar, cómo es mi entorno, cómo quiero que sea, qué puedo aportar, con quién quiero sumar, qué propósito superior me inspira, me orienta y me motiva a dejar un mundo mejor que el que recibí.
La educación es la base de la transformación y tiene que comenzar desde que los futuros padres deciden que quieren serlo. Deben reflexionar y definir cuáles son las creencias y valores de cada uno y cuáles le van a inculcar a su hijo, conscientes de la responsabilidad que implica traer a un ser humano a la vida y de cómo el afecto, el ejemplo y la orientación que le den le permitirán comprender la vida y aprovechar sus potencialidades.

Luego, desde la primera infancia, los padres, maestros, cuidadores y todo el entorno le ofrecerán vivencias y experiencias que lo formarán como un ser humano responsable y solidario, capaz de convivir en armonía y aportar al mejoramiento de su comunidad.
El sistema educativo, que incluye padres, maestros, directivos, autoridades, medios de comunicación, líderes espirituales, sociales, políticos y empresariales, tendrá un impacto definitivo en lo que cada individuo pueda llegar a ser. El liderazgo que ejerza cada uno de ellos es la base de la transformación de la sociedad y el elemento esencial del liderazgo es el ejemplo: cada uno lidera, inspira y orienta el resto de la sociedad con lo que es, con lo que piensa, dice y hace.

Si queremos vivir en paz es indispensable que cada uno se comprometa a construirla. No esperemos a que los demás cambien, empecemos por cambiar nosotros, convirtámonos en líderes constructores de paz, ejemplo de seres humanos en todas y cada una de nuestras actividades.

*Presidente de Alina y miembro del Consejo Directivo de la Fundación Empresarios por la Educación, una organización de la sociedad civil que conecta sueños, proyectos, actores y recursos para contribuir al mejoramiento de la calidad educativa.

Fuente original: EL MUNDO

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