La película me ha hecho pensar que nuestra educación esta colmada de lugares comunes.

Me han sorprendido las paradojas de Lugares Comunes. Esta película (2002), del Director Adolfo Aristarain nos seduce con un escena que amenaza con pasar por desapercibida. En esta escena Fernando Robles (Federico Luppi) profesor de literatura, recibe la noticia de su forzosa jubilación de manos del Rector de la universidad.

Pues bien, ese día Robles trasgredió todas las normas. Se sentó sobre su escritorio de maestro universitario, pidió un cigarrillo y luego de encenderlo con la ayuda de una de sus estudiantes, dio su mejor clase. A riesgo de equivocarme, me atrevo a pensar que el último día de su carrera como docente dio la clase más inspiradora que pudieron haber experimentado aquellos jóvenes estudiantes de último año de licenciatura. Tanto así que algunos respondieron perplejos a la invitación de guardar sus apuntes sobre Cortázar:

“El año que viene casi todos ustedes serán profesores (…) Hay una misión o un mandato que quiero que cumplan” dijo el profesor mientras devoraba el cigarrillo. “despierten en sus alumnos el dolor de la lucidez, sin límites, sin piedad”.

La escena me hizo pensar en lo paradójico que puede resultar el ocaso de una vida dedicada a la enseñanza y sobre todo, en la manera en que nuestro sistema y nosotros mismos tratamos a las personas que han esparcido el alma en sus aulas. Por cierto, ¿adónde llegan los que han llegado? se pregunta Pennac (2008) y líneas seguidas describe el triste final de algunos de sus maestros. F. murió pocos meses después de su jubilación. J. se tiró por la ventana la víspera de la suya. G. Tiene una depresión nerviosa. Hay otro que apenas está saliendo de ella. La escena también me hizo pensar en otra paradoja y en otro maestro. Me refiero a la de George Steiner:

“Lo que experimento ahora al jubilarme de la docencia me ha dejado huérfano. Mi seminario de doctorado de Ginebra duró, más o menos ininterrumpido, un cuarto de siglo. Aquellas mañanas de los jueves, estaban tan cerca de un Pentecostés, como pueda estarlo un espíritu corriente, secular. Pero ¿en nombre de qué supervisión o vulgarización se me debería haber pagado para llegar a ser lo que soy, cuando –y he pensado en ello con un malestar creciente- podría haber sido absolutamente más apropiado que yo pagara a quienes me invitaban a enseñar? (Steiner, 2014)

En la primera historia se nos invita a transgredir, a romper las normas, a superar los lugares comunes y dejar de esperar pacientemente a que algo pase, como esperamos a que llegue el sábado. La segunda historia, la paradoja del profesor Steiner, nos deja sin palabras. ¿Cómo podemos cobrar por enseñar? Quizás nos resulte incompresible pero para Steiner, y él mismo lo ha dicho: “Enseñar con seriedad es poner las manos en lo que tiene de más vital un ser humano. Es buscar acceso a la carne viva, a lo más íntimo de la integridad de un niño o de un adulto” (Steiner, 2014)

Las dos historias son paradójicas por lo que entendemos por jubilación y por enseñanza. Creo, y en eso también puedo equivocarme, que estamos lejos de comprender que el encantamiento que produce la enseñanza estriba, precisamente, en la posibilidad de transgredir e ir más allá de lo que el momento nos presenta como “lo común”. Carl Jun escribió hace un siglo que la tragedia de todas las innovaciones reside en que, con el agua del baño, se vuelca también al niño inmerso en ella. (Jung Carl, 2011) El maestro que transgrede lucha contra los lugares comunes. No importa que, sin darnos cuenta, camine lánguido, ¿Quién dijo que ir más pausado es sinónimo de cansancio, o hacerlo rápidamente de lucidez? Milan Kundera dice que “la velocidad es la forma de éxtasis que la revolución técnica ha brindado al hombre” (Kundera, 2011) Los hombres ya no contemplan la ventana de Dios. Tampoco importa que el maestro se vuelva un gruñón como Fernando Robles; el maestro de la película. O que ya no apele a la lúdica para entretener a sus estudiantes.

La película me ha hecho pensar que nuestra educación esta colmada de lugares comunes. Tanto, que hasta esta frase se ha vuelto un lugar común. Para citar un solo ejemplo, se ha vuelto un lugar común creer que hacer “pedagogía” es llamar a un periodista para que, lápiz en mano, explique (o simplifique), el contenido de un proyecto de ley, de una norma, una política, o cualquier tema de interés. Ya empiezo a imaginarme que para hacer pedagogía sobre la implementación de los acuerdos no se consultarán a los pedagogos sino a los comunicadores. ¿Qué se entiende entonces por pedagogía?

Hay que ver la película completa para seguirle el rastro a las paradojas de Fernando, al lado de su esposa Liliana (Mercedes Sampietro), como hay que leer Un largo sábado de Laure Adler sobre Steiner para entender más despacito sus paradojas sobre la enseñanza.

Notas:

Jung, Carl. (2011). Conflictos del alma infantil. Editorial Paidos.

Pennac Daniel (2008). Mal de Escuela. Literatura Mondadori.

Kundera Milán (2010). Lentitud. Tusquets Editores.

Steiner, George (2014). Lecciones de los maestros. Fondo de Cultura Económica.

Lugares comunes. (08 de febrero de 2017). [Fotografía]. Recuperado de http://tvbrasil.ebc.com.br/cineibermedia/episodio/lugares-comunes

Javier Caballero Sánchez
Docente Investigador

Fuente original: La Silla Vacía

A %d blogueros les gusta esto: