No sólo los logros en convivencia sino que también los resultados académicos en esta escuela son evidentes, tanto así que hace un par de semanas obtuvieron, entre 15 países de Latinoamérica, el 1er puesto en el Reconocimiento a Prácticas Innovadoras en Convivencia

Por: Natalia Linares Valderrama*

En un país azotado por décadas de guerra, muchas niñas y niños crecen pensando que los conflictos se resuelven con violencia. Es común que en las familias y los vecindarios las relaciones estén atravesadas por gritos, ofensas, golpes y otras formas todavía peores de maltrato, lo que se traduce en realidades muy dolorosas para todos. Según cifras del Observatorio del Instituto Nacional de Medicina Legal, en 2018 ha habido 65.736 casos de violencia intrafamiliar.

Los colegios no son  ajenos a este fenómeno. Mucho se ha hablado en los últimos años sobre el acoso escolar, también llamado “bullying” o matoneo, referido al maltrato físico y/o psicológico deliberado y continuado que recibe una niña o un niño por parte de otros, del que miles de estudiantes son víctimas cada día. Esto tiene graves consecuencias para su bienestar, su seguridad y su vida.

Por fortuna hay comunidades educativas que se resisten a continuar este ciclo y le apuestan a una educación diferente, en la que el diálogo igualitario es la base de todas las relaciones y los argumentos son más importantes que las jerarquías. Una de estas es la Institución Educativa Luis Carlos Galán Sarmiento de Itagüí, que gracias al trabajo amoroso de su equipo directivo, al compromiso de sus maestros, al apoyo de las familias y a la disposición de los estudiantes, se convirtió en un territorio de paz, que nos muestra caminos de esperanza y es una fuente de inspiración para Colombia y América Latina.

Esto ha sido posible gracias a la implementación rigurosa del proyecto Comunidades de Aprendizaje que, basado en los principios del aprendizaje dialógico y mediante diversas estrategias pedagógicas, vincula a las familias y a la comunidad con lograr sueños compartidos frente a lo que esperan de sus escuelas. Una de esas estrategias o actuaciones educativas de éxito, que han desarrollado en el colegio desde 2015, es el Modelo Dialógico para la Prevención y Resolución de Conflictos.

Mediante tertulias pedagógicas en torno a las bases científicas del modelo, el equipo directivo y los maestros decidieron dedicar el espacio de ética y valores a reflexionar con los estudiantes sobre los principios del aprendizaje dialógico. Entonces se generaron conversaciones en cada salón sobre la solidaridad, la inteligencia cultural, el diálogo igualitario, etc., como actitudes vitales que podían marcar la diferencia en la forma de relacionarse dentro y fuera del colegio.

Paralelamente, en el horario dedicado a la dirección de grupo, empezaron a realizar encuentros dialógicos para la resolución de conflictos, en los que sentados en círculo conversaron sobre las dificultades que tenían en términos de convivencia. En estos diálogos, caracterizados por el respeto y la escucha, el foco se puso en las situaciones y no en enjuiciar a los estudiantes. Una Comisión Mixta de Convivencia recogió los acuerdos derivados de cada encuentro y los incluyó en el Pacto de Convivencia de la escuela.

Según Jorge Humberto Sánchez, rector del colegio, “Nos dimos cuenta de que no habíamos escuchado a los estudiantes y cuando empezamos a hacerlo hubo mayor respeto hacia ellos. Esto nos obligó a los directivos y los maestros, víctimas de la educción tradicional, a hacer lo más difícil: ¡bajarnos del pedestal en el que estábamos montados! Tuvimos que cambiar de chip y entender que era necesario darles a ellos la palabra. Entonces empezaron a ocurrir los cambios, porque en la palabra está la esperanza, en la palabra va fluyendo la inteligencia y en la palabra navegan los sueños”.

Hoy, no solo los logros en convivencia sino que también los resultados académicos en esta escuela son evidentes, tanto así que hace un par de semanas obtuvieron, entre 15 países de Latinoamérica, el 1er puesto en el Reconocimiento a Prácticas Innovadoras en Convivencia otorgado por Reduca, la Red Latinoamericana por la Educación.

Celebramos con mucha alegría este invaluable logro y le agradecemos a esta comunidad educativa porque con su trabajo contribuye con la paz de Colombia y hace que cada vez más Mambrús quieran ir a la escuela y no a la guerra.

*Gerente del proyecto Comunidades de Aprendizaje en la Fundación Empresarios por la Educación, una organización de la sociedad civil que conecta sueños, proyectos, actores yrecursos para contribuir al mejoramiento de la calidad educativa.

Fuente original: EL MUNDO

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