Ideas para Tejer, documento que acabamos de publicar, hace una mirada crítica de cómo vamos en educación

Por: Marcela Restrepo Mejía*

Hace algunos días, en la Cumbre de Líderes por la Educación, presencié dos paneles sobre los retos que tiene nuestro sistema educativo para transformarse y responder a las demandas del sector productivo. Escuché reiteradamente los términos cambio, flexibilidad, agilidad para adaptarse, aprender y volver a aprender; y los conecté con estas palabras que ya venía escribiendo y con ese mensaje agridulce de que en educación vamos por buen camino pero a un ritmo no lo suficientemente rápido. El mensaje de Pisa después de la última medición es que fuimos el país que más mejoró con respecto a sus pares de la región, pero que si mejoramos al ritmo que lo venimos haciendo seguiremos rezagados y seguiremos estando entre los países más felices del mundo, y cada vez más lejos de ser el país más educado de la región. Si seguimos haciendo lo mismo todos, con todo lo bueno que sabemos hacer, cada uno en su respectivo cuadrante, dentro de cinco años alguien repetirá en otro artículo como este lo mismo: que a pesar de todo lo que hacemos, seguimos en las mismas. Que seguimos rezagados en aprendizajes, cierre de brechas, superación de inequidades, optimización del gasto, aprovechamiento de los recursos privados, etc. Urge acelerar el ritmo al que venimos mejorando, y no lo vamos a lograr haciendo más de lo mismo.

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En la Fundación Empresarios por la Educación decidimos hacer una reflexión honesta y responsable sobre dónde está nuestro mayor valor, que se encuentra en esa área de convergencia entre lo que nos hace únicos y relevantes. Es a eso, estratégicamente, a lo que debemos apostarle, así implique renunciar a actuaciones en las que, siendo valiosas, no somos únicos o relevantes.

La Andi reporta que el 43% de las empresas desarrolla programas de educación, y el Siipe (Sistema de Información sobre la Inversión Pública y Privada en Educación) da cuenta de 244 organizaciones privadas que invierten en 464 iniciativas. En la ecuación de corresponsabilidad, no son del resorte de los privados –por fortuna– las grandes coberturas en el escalamiento de modelos, ni la garantía de igualdad de oportunidades en el acceso a estos. De eso y para eso tiene la responsabilidad y los recursos el Estado. Nuestra responsabilidad es complementaria: hacer lo que el Estado no puede hacer, visibilizar lo que debe hacer y no hace, e incidir con nuestro criterio informado y nuestros aprendizajes en el mejoramiento de políticas públicas en educación.

¿Qué podemos hacer los privados que el Estado no puede hacer? Tenemos la libertad de identificar o desarrollar modelos que respondan a las necesidades del sector, ajustarlos, pilotearlos en las regiones en condiciones controladas, equivocarnos, hacer correctivos, medir el impacto y garantizar que el Estado conozca y se nutra de nuestros aciertos –para escalarlos- y de nuestros aprendizajes y equivocaciones – para no repetirlas- porque, a gran escala, las equivocaciones resultan demasiado costosas.

Al revisar nuestra estrategia, definimos dónde está nuestro mayor valor. La renuncia más difícil es a la operación de programas que valoramos y de los que hemos aprendido muchísimo: Rectores Líderes Transformadores, que tiene ya una evaluación de impacto; y Comunidades de Aprendizaje, que nos ha permitido acercarnos y conocer de primera mano la realidad y las necesidades del sector en la ruralidad, y cuya evaluación de impacto está en proceso. Haremos una transferencia paulatina y responsable de su operación, adelantando todas las gestiones necesarias para procurar que el Gobierno adopte, como una de sus prioridades, el desarrollo de un programa de liderazgo educativo y las recomendaciones que hacemos frente a la educación rural, y mantendremos únicamente el componente de generación de conocimiento de estos programas.

De otro lado, definimos la incidencia en política pública como nuestro objetivo fundamental. La facilitaremos generando conocimiento con una mirada crítica y propositiva sobre el sector, e impulsaremos, de manera prioritaria, la mejora del liderazgo educativo.

En el ámbito nacional, hoy somos muchos los que desde el sector privado estamos trabajando en educación, trabajando por mejorar destrezas básicas en lectoescritura y matemáticas, fortaleciendo habilidades socioemocionales, en formación de maestros o haciendo esfuerzos e inversiones importantes en evaluación de impacto. Pero venimos utilizando métricas distintas que no nos permiten compararnos, complementarnos o saber cuáles de nuestras intervenciones son más efectivas y costo-eficientes.

Quizás nosotros, los privados, debamos hacer un pacto que facilite que nuestros esfuerzos realmente sumen. Actuar desarticuladamente hace que pierda potencia el hecho de que seamos ya tantos invirtiendo en educación, y hace difícil que podamos incidir en la política pública.

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Ideas para Tejer, documento que acabamos de publicar, hace una mirada crítica de cómo vamos en educación. Espero que inspire y provoque en muchos la urgencia de articularnos para hacer nuestro mejor aporte al salto cuántico que tenemos que dar en el país en educación, que tiene que ver también con asuntos como el cambio, la velocidad, la flexibilidad y la agilidad para adaptarnos, aprender de los errores y volver a aprender.

*Vicepresidenta del Consejo Directivo de la Fundación Empresarios por la Educación, una organización de la sociedad civil que conecta sueños, proyectos, actores y recursos para contribuir al mejoramiento de la calidad educativa.

Fuente original: EL MUNDO

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