¿Por qué cegar la vida de un líder? Crear tejidos humanos que resisten ante la inequidad y el amedrentamiento toca las fibras sensibles de poderes arraigados que no están dispuestos a correr sus fronteras. 

En los últimos meses se han escrito líneas y líneas llenas de dolor que denuncian el asesinato sistemático de líderes en el país. Cientos de manifestantes han hecho sentir su voz de indignación ante el horror y la impotencia que sentimos cada vez que se añade una muerte más a la lista.

¿Por qué cegar la vida de un líder? Sin duda, crear tejidos humanos que resisten ante la inequidad, la discriminación y el amedrentamiento toca las fibras sensibles de economías ilegales y poderes arraigados en los territorios que no están dispuestos a correr sus fronteras. Aunque este no es el lugar para ahondar en interrogantes sobre las razones que soportan estos hechos atroces, lo cierto es, que la memoria nacional solo encontrará sosiego cuando se supere la impunidad y se conozcan los resultados de las investigaciones en curso.

En mayo de este año, motivados por la denuncia de una maestra valiente que ejercía su profesión en San Pablo, Bolívar y que se atrevió a divulgar una perturbadora conversación entre ella y su verdugo, la Federación Colombiana de Educadores -FECODE – denunció que, en el último año, veintiséis maestros habían sido asesinados por manos criminales y, otros, hacían parte de una larga lista de intimidaciones.

En el audio, que circuló ampliamente por las redes sociales, se escucha la voz amenazante de un hombre que le dice con insistencia a la maestra Deyanira que aprenda a respetar, que no sea grosera, que esa no es la forma de hablarle a alguien de su categoría, que para él es muy sencillo llamar a sus superiores y ordenar su traslado, que mejor se vaya, que no le importa cuánto ha sufrido la guerra. La conversación termina con la amenaza directa del hombre y una orden, en el eco del teléfono, que dice: ¡vayan por ella y mátenla!

Ya se mencionó antes que los asesinatos no solo responden a móviles económicos, sino que tienen que ver también, con el control y el poder sobre las ideas que, en este caso, definen la formación de las nuevas generaciones. A propósito, en el libro Sombras del Mañana, el sociólogo chileno Norbert Lecher centra su análisis en la naturalización de la violencia y en la manera como los miedos o los anhelos de una sociedad tienen la potencia suficiente para cambiar el curso de la historia.

El autor afirma que la intimidación, como una de las consecuencias latentes de la guerra, da lugar a una sociedad débil para construir una memoria social que una el pasado, el presente y el futuro. Es esta una de las principales responsabilidades de la escuela: ofrecer a los niños, niñas y jóvenes las herramientas necesarias para conocer la historia del país, vincularla con sus vivencias actuales y construir con ellas una plataforma social que permita edificar la estructura que hará realidad sus sueños.

¿Qué se muere cuándo matan el liderazgo de un maestro? En su denuncia el vocero de FECODE decía: seguramente, algún maestro le enseñó a leer y escribir a esa persona que hoy amenaza. Y no solo a él. Ese maestro le enseñó también a leer, a escribir, a sumar, a restar y a soñar a muchas otras personas que hoy caminan con miedo frente al verdugo y sienten el peligro latente de que sus anhelos se apaguen para siempre. Entonces, sin temor a caer en frases de cajón, me atrevo a decir que, cuando asesinan a un maestro se muere la esperanza de un mañana distinto, se muere la oportunidad para que el país que estamos construyendo, ya no se destaque por ser el más corrupto, el más desigual, ni el que más personas desplazadas tiene. No intento dar una única respuesta a esta pregunta, solo quiero mantenerla viva, más allá de la explosión mediática. Sin maestros no hay mañana. Su protección es un compromiso de todos y, en especial, de quienes asumimos la responsabilidad de acompañar la transformación social de la educación.

Catalina Ángel
Equipo Liderazgo Educativo
Fundación Empresarios por la Educación

Fuente original: La Silla Vacía

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