Su experiencia personal y profesional es un referente importante para abordar la perspectiva de género, derivada del enfoque de derechos.

Por: Karen Castro*

En el marco del proceso de formación y acompañamiento que desarrolla el programa Rectores Líderes Transformadores con directivos docentes de colegios en Cali, se desarrolló un conversatorio con Solypsi Navia, primera maestra transgénero en una institución educativa oficial en el país.

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Su experiencia personal y profesional es un referente importante para abordar la perspectiva de género, derivada del enfoque de derechos que sustenta el programa, que más allá del discurso busca que las comunidades educativas reconstruyan su rol en torno a la vivencia de la dignidad humana desde la convivencia.

Previamente, con apoyo en materiales de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, los directivos se acercaron a conceptos como  perspectiva de género, orientación sexual, identidad y expresión de género y diversidad corporal, y los abordaron también desde su propia vivencia, reflexionando en torno a la pregunta de qué objetos representan para ellos el significado de ser hombre o de ser mujer: figuras en plastilina, fotografías, palabras, prendas, entre otros, les permitieron reconocer que hay diversas formas de ser hombre y de ser mujer, relacionadas con nuestra historia, nuestro cuerpo y las relaciones que construimos en diferentes espacios de nuestras vidas.

Todo esto preparó el terreno para el diálogo con Solypsi quien habló de su tránsito como un proceso cultural, social, político y además pedagógico, que “Abre caminos para la comunidad trans, permitiéndole salir del confinamiento de las peluquerías y la prostitución, a la que ha sido llevada por la discriminación y la violencia, para que la sociedad entienda que no solo somos buenas para eso”.

Solypsi explicó cómo jamás quiso agredir a quienes la rodeaban; habló del respeto por las demás personas y del tiempo que cada quién necesitó para asimilar la situación. Durante muchos años tuvo que actuar bajo una identidad masculina con la que no se sintonizaba y que la hacía sentir frustrada, esperando el momento más oportuno para “mostrar desde lo estético y lo simbólico lo que significa para mí ser mujer”.

Aunque desde niña mostraba actitudes que culturalmente se definen como femeninas, durante diez de los veintitrés años que lleva trabajando en la Institución Educativa Gabriela Mistral, Solypsi actuó bajo la expresión del género masculino.

Cuando decidió empezar a mostrar su auténtica identidad, dentro de la institución mostraba una apariencia andrógina, “Con un vestuario neutral y cabello largo recogido”. Sin embargo, afuera empezó una transformación más significativa. Así sucedió durante muchos años pero, al vivir en la misma comuna donde se ubica la institución, los padres empezaron a hacer comentarios, lo que la llevó a entablar un diálogo abierto con ellos y explicarles que dentro de la institución sería una y fuera de ella otra.

Finalmente, hace dos años encontró el momento oportuno para completar su tránsito: un marco legal que la apoya fue su mayor impulso para buscar asesoría legal y psicológica, “Es en ese momento cuando más afloran los miedos”. Una red de apoyo, con participación de un equipo interdisciplinar asignado por la Secretaría de Educación Municipal y el equipo directivo del colegio la acompañaron; en especial la rectora cuya apertura, determinación y apoyo facilitaron el trabajo pedagógico realizado con todos los integrantes de la comunidad educativa.

Solypsi tuvo un tiempo prudente al inicio del año escolar para completar su transformación. Ya no tendría que ser una mujer dentro y otra fuera del colegio, por fin podría ser una, ella, la carismática, la alegre, la maestra.

Las resistencias no se hicieron esperar: algunos padres y madres de familia decidieron no dejar a sus hijos a su cargo, algunos colegas la seguían llamando Carlos y algunos estudiantes, principalmente de secundaria, le hacían comentarios. Con apoyo del equipo directivo se hizo una intervención pedagógica.

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Al finalizar, invitó a los directivos a integrar la perspectiva de género en sus colegios mediante los PEI, “No por tratarse de un tema de moda, sino de una cultura de los derechos humanos para la comunidad educativa en general. Los niños que se encuentran con mi práctica pedagógica son afortunados: viven el respeto, la convivencia y la aceptación de las diferencias, tienen la posibilidad de mostrarse como son y de expresar sus inquietudes, y comprenden que lo que verdaderamente importa es mi esencia como ser humano y lo que aporto desde allí a los demás”.

*Mentora proyecto RLT en la Fundación Empresarios por la Educación, una organización de la sociedad civil que conecta sueños, proyectos, actores y recursos para contribuir al mejoramiento de la calidad educativa.

Fuente original: EL MUNDO

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