Análisis de la Fundación Empresarios por la educación sobre el papel de la escuela en la formación de las emociones.

 

Por: Diego Arbeláez Muñoz*

En días pasados estuvo de gira en Colombia Juan Casassus, chileno, doctor en filosofía y sociología de la educación. Hicimos varios talleres sobre la educación emocional como herramienta para la construcción de paz. Comparto aquí mis notas sobre una conversación que tuvimos.

¿Educación emocional para la paz?

La paz necesita de escenarios de interacción y diálogo con un ambiente emocional y ético que la sustente. Las emociones no se educan, lo que se educa es nuestra manera de reaccionar cuando estamos en presencia de una emoción.

La educación emocional busca el desarrollo de la conciencia y la comprensión emocional y se desarrolla en dos direcciones: hacia la conciencia de la experiencia emocional, que le es única a esa persona y que por ello revela el núcleo de su ser; y hacia la comprensión emocional, proceso intersubjetivo mediante el cual una persona se vincula con el campo de la experiencia emocional de otra. Lo anterior implica desarrollar competencias de apertura, conocimiento, interpretación, vinculación, regulación, modulación y conexión mediante la escucha de la experiencia emocional.

¿Qué papel juega allí la escuela?

La escuela y los sistemas educativos son, desde sus orígenes, anti emocionales. Predominaba la idea de un ser humano constituido básicamente por una dimensión racional. Todo lo emocional y corporal era constituyente del ser animal, en oposición a esa facultad superior que era su capacidad de razonar. ¡Idea que todavía hoy tiene un peso enorme! Todos hemos escuchado a profesores decirle a sus alumnos: “las emociones se quedan en casa, aquí se viene a aprender”. Es lo que ha dictado la cultura, que a su vez atraviesa el sistema educativo.

De ahí la importancia de crear un clima emocional que inicie en el aula. Se trata de una construcción muy sencilla: es el tipo y calidad de vínculo entre profesor y alumnos, entre los alumnos entre sí, y el clima que emerge de esa doble vinculación.

Cuando un maestro logra que cada uno de sus estudiantes se sepa visto, escuchado, contenido y sostenido, sin juicios ni críticas por ser quien es, es más fácil aprender a ser pacífico y a estar en paz.

¿Qué son las emociones?

Somos analfabetas emocionales. Aprendemos a reprimir las emociones desde niños, especialmente los hombres. Muchas de nuestras emociones son inconscientes y vivir en la inconsciencia emocional es estar desconectado de sí mismo. Sin embargo, nuestras emociones tienen una influencia fuerte en nosotros, son procesadas por nuestro cerebro y nos predisponen a la acción.

Una emoción es un flujo de energía encarnada: ocurre en el cuerpo. Es de carácter relacional, no ocurre sola, y vehicula información: da cuenta de lo que nos pasa.

Por lo general no logramos percibirlas como tal, en sí mismas, sino configuradas por nuestra mente racional en forma de palabras, conceptos o imágenes cargadas de memorias y situaciones.

¿Qué competencias desarrolla la educación emocional?

Se desarrollan varias capacidades que son las de:

  • Estar abierto al mundo emocional: interés en conocerlo, apreciarlo y apertura para explorarlo.
  • Estar atento: escuchar, percibir, ponderar, nombrar y dar sentido a una o varias emociones. Conocer el espacio emocional propio y el compartido es un paso necesario previo a cualquier intento de transformación.
  • Pensar y decidir tomar acciones. Quienes tienen dificultad de percibir y entrar en contacto con sus emociones también tienen dificultad para decidir rumbos racionales de acción.
  • Comprender y analizar la información relacionada con el mundo emocional: el mundo que vemos está fuertemente influenciado por el estado de ánimo en que nos encontremos.
  • Regulación emocional. Las emociones no son ni positivas ni negativas, somos nosotros quienes las transformamos en regalos preciosos para nuestras vidas o en algo tóxico y destructivo.
  • Modulación. Es la expresión de la emoción hacia afuera, mediante una acción, necesaria para expresar las emociones equilibradamente, sin inhibirlas y sin desbordarse.
  • Acoger y sostener al otro. Si somos capaces de ser sensibles a lo que nos ocurre a nosotros mismos, es más fácil aproximarse al universo emocional del otro para acogerlo y contenerlo.

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Definitivamente, no dejo de aprender de Juan cada vez que tengo la oportunidad de hablar con él.

*Coach ontológico en la Fundación Empresarios por la Educación, una organización de la sociedad civil que conecta sueños, proyectos, actores y recursos para contribuir al mejoramiento de la calidad educativa.

Fuente original: EL MUNDO

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