Es muy difícil comprender cuál es la visión del gobierno de los siguientes cuatro años: ¿En dónde estarán las prioridades? ¿Cuáles son las grandes apuestas?

El Plan Nacional de Desarrollo que comenzará a discutirse esta semana en el Congreso se presenta desde su título como una apuesta por la equidad. El PND propone tres pactos estructurales (legalidad, emprendimiento y equidad) a los cuales se suman otros veintidós para sumar 25 pactos en total. Según el mismo articulado del PND, estos pactos son objetivos de política  que reflejan “la importancia del aporte de todas las facetas de la sociedad en la construcción de una Colombia equitativa” (art. 3). Como quien dice, a nadie se le negó su pacto.

Todos los pactos propuestos son, por supuesto, apuestas deseables desde el punto de vista del desarrollo del país, empezando por el pacto por la construcción de paz. No obstante, al ser tantos, es muy difícil comprender cuál es la visión del gobierno de los siguientes cuatro años: ¿En dónde estarán las prioridades? ¿Cuáles son las grandes apuestas?

Al parecer, la educación dejó de ser una apuesta de largo plazo. No solo porque ninguno de los pactos es por la educación, sino por la invisibilidad de la misma, no en el documento de las bases del PND, pero sí en el articulado del plan. Asumiendo que ambos documentos (las bases del plan y el articulado) hacen parte del mismo plan, planteo a continuación lo bueno, lo malo y lo feo desde el lente de educación básica y media.

Lo bueno

El documento de las bases del plan plantea claramente como uno de los objetivos principales lograr la igualdad de oportunidades. Es decir, que Colombia deje de ser un país donde el lugar o el hogar donde se nace determinen el futuro de las personas.

El documento también reconoce que para lograr esta igualdad de oportunidades se requiere “remover las barreras que impiden el acceso a la educación, la salud, los servicios sociales esenciales a toda la población, independientemente de su origen”. Para ello, propone líneas de acción en dimensiones que son fundamentales para el desarrollo humano: salud, atención integral a niñez y adolescencia, nutrición, vivienda, deporte, inclusión productiva, reducción de pobreza, entre otros. La educación, por supuesto, es una de las líneas en el pacto por la equidad: “Educación de calidad para un futuro con oportunidades para todos”.

En esta línea se plantean varias apuestas: universalización de la educación preescolar, cerrar brechas en cobertura y calidad entre la zona urbana y rural, enfrentar el rezago en educación media, y aumentar el acceso educación superior.

Al leer con cuidado la “línea” de educación en el plan, se destacan varios elementos positivos. Primero, reconoce en el diagnóstico la baja cobertura en educación inicial  y media, las brechas de cobertura entre zonas rurales y urbanas para todos los niveles, y los retos en términos de calidad de los aprendizajes. En consecuencia, propone varias estrategias concretas y relevantes para enfrentar los retos identificados:

  1. Una apuesta por la primera infancia.En el documento claramente se nota una intención por construir sobre lo construido y profundizar en la implementación de la estrategia de Cero a Siempre, tan necesaria para garantizar el desarrollo de los niños y niñas desde temprana edad y evitar (como sucede ahora) que se abran brechas tan difíciles de cerrar en edades posteriores.

En particular, se presenta un apuesta clara por ampliar la cobertura en educación inicial, con un énfasis de atención integral en el grado transición, incluyendo la ampliación del Programa de Alimentación Escolar (PAE), el acompañamiento a maestros a través del Programa Todos a Aprender (PTA), y la inclusión de un mecanismo de inspección y vigilancia.

También reconoce la necesidad de mejorar las capacidades pedagógicas del talento humano en educación inicial, y propone que el Ministerio de Educación Nacional (MEN) desarrollará un estrategia de cualificación del talento humano (aunque no dice nada de los programas de licenciatura en educación inicial!), y fortalecimiento de un sistema de información que permita el seguimiento niño a niño.

  1. Estrategias concretas para asegurar la permanencia en el sistema educativo.Implementar acciones concretas para prevenir la deserción es fundamental ya que, como lo muestra el mismo documento, es un problema que tal vez es invisible en un año en particular (menos de 3 por ciento) pero que al ver el acumulado es aterrador: de cada 100 niños que entran al sistema escolar tan solo 44 se gradúan.

En particular, el documento propone fortalecer el PAE y los esquemas de transporte escolar, la puesta en marcha de un sistema de alertas de deserción mediante la búsqueda activa de niños y niñas que estén por fuera del sistema escolar, así como el fortalecimiento de sistemas de información requeridos para ello.

  1. Algunas estrategias concretas para mejorar el aprendizaje de los estudiantes.El reto más importante de cara al futuro es lograr que los estudiantes no solo permanezcan en el sistema educativo sino que aprendan.  En ese sentido, es positivo ver ciertas estrategias concretas para mejorar la disponibilidad y calidad de elementos necesarios para lograr el aprendizaje de los estudiantes.

En particular, se proponen algunas estrategias para mejorar la infraestructura escolar (como fortalecer las capacidad de las entidades territoriales para identificar y priorizar sus necesidades, así como el fortalecimiento del Fondo de Financiamiento de Infraestructura Educativa), fortalecer el PTA (extendiéndolo hasta grado séptimo e incluyendo el desarrollo de competencias transversales como la comunicación, la solución de problemas  y competencias socioemocionales), consolidar una escuela de liderazgo para la formación de directivos docentes, ampliar la jornada única y fortalecer el sistema de evaluación (incluyendo el mejoramiento de las pruebas Saber, regresar a la evaluación anual, y la inclusión de competencias socioemocionales en la evaluación).

Adicionalmente, entre líneas da ciertas luces sobre mantener la evaluación docente y articularla al proceso de formación y desarrollo profesional de los maestros.

  1. Propone algunas estrategias concretas para el mejoramiento de la calidad de la educación media. La educación media ha estado olvidada por muchos años en el país. La crisis está no solo en la pérdida de estudiantes y las bajas tasas de graduación (especialmente en la zonas rurales) sino en el bajo nivel de aprendizaje en una alta proporción de estudiantes que no logran alcanzar competencias básicas para continuar en educación superior si así lo desean.

De ahí que sean bienvenidas estrategias concretas para asegurar la permanencia y aprendizaje de los estudiantes en el nivel de media: la puesta en marcha de un programa de tutorías a partir de grado noveno para nivelar a los estudiantes en competencias básicas, la implementación de un sistema de orientación socio-ocupacional con el apoyo de herramientas virtuales, el diseño e implementación de secuencias didácticas para el desarrollo de competencias socioemocionales, y la revisión de los programas de articulación.

  1. Una política de educación rural.La igualdad de oportunidades comienza por asegurar que los niños, niñas y adolescentes en condiciones de mayor vulnerabilidad tengan acceso a educación de calidad.  Un muy buen paso en este sentido es contar con acciones concretas para llevar educación de calidad a las zonas rurales. De ahí que sea más que bienvenida una política de educación rural (aunque no plantea acciones concretas más allá de la transformación de los internados).

Lo malo

En cuanto a “lo malo” del documento de las bases de PND, brillan por su ausencia varios elementos que son fundamentales para asegurar la tan anhelada y necesaria calidad educativa.  Recientemente, con Darío Maldonado y Catherine Rodríguez, intentamos hacer un ejercicio juicioso de recoger algunas propuestas sistémicas para mejorar la calidad de los aprendizajes en los estudiantes, y que tienen en cuenta varios factores que inciden directamente en el aprendizaje de lo estudiantes. Es frente a esas propuestas que resalto algunos vacíos importantes que identifico en el plan propuesto:

  1. Metas tímidas frente al aprendizaje de los estudiantes.El informe de desarrollo del Banco Mundial en 2018 alertó sobre una crisis de aprendizaje en los países de ingreso bajo y medio. Colombia no es la excepción.

Si bien hemos mejorado en el nivel de aprendizaje de los estudiantes, los avances han sido muy lentos.  Aún persiste un alto porcentaje de estudiantes con un nivel de desempeño bajo, y lo más preocupante es que el problema se agrava con los grados. Solo por dar un ejemplo, más del 50 por ciento de los estudiantes en grado noveno tienen un nivel de desempeño bajo o insuficiente en lenguaje y 70 por ciento tienen un nivel de desempeño bajo en matemáticas (Garcia et al., 2018).

Ante el tamaño de este problema, se esperaría tener metas ambiciosas y variadas frente al mejoramiento de los aprendizajes de los estudiantes.  No obstante, en el documento del PND solo 3 de las 16 metas están relacionadas con el aprendizaje, y todas en grado 11. No se plantean metas de aprendizaje para los demás grados de básica y media, ni metas en áreas específicas.

  1. Ausencia de una política integral alrededor de los docentes.Lograr que los estudiantes aprendan requiere muchas cosas, pero ante todo buenos maestros.

Si bien el documento de las bases de PND reconoce la importancia de los docentes y directivos docentes para lograr el mejoramiento de la calidad educativa, se queda corto en el alcance de una propuesta integral en torno a los docentes y directivos docentes. El documento propone de manera concreta la consolidación de una escuela de liderazgo para 10,000 directivos docentes. Esto definitivamente es un paso positivo hacia el mejoramiento de la gestión escolar, uno de los pilares para el mejoramiento de la calidad.

No obstante, la política docente como tal está ausente en el PND. Esto incluye meterle el diente al tema de condiciones de trabajo de los docentes y directivos docentes (remuneración, carga de trabajo, condiciones físicas para el ejercicio de su labor), la estructura de desarrollo profesional (formación en servicio más allá de PTA y las opciones en la carrera docente), y por supuesto, la formación inicial.

El documento  del PND no presenta estrategias concretas para  ninguno de estos elementos. Menciona, por ejemplo, que se “estimulará a los jóvenes para que consideren la carrera docente como una alternativa de desarrollo profesional significativa e incentivará el ingreso a ella por parte de bachilleres con desempeños académicos sobresalientes”.

La pregunta es cómo logrará esto sin cambios estructurales y sistémicos que hagan de la carrera docente una opción de vida atractiva. Sabemos que esfuerzos recientes como, por ejemplo, Ser Pilo Paga Profe no cumplieron a cabalidad el objetivo de atraer estudiantes sobresalientes porque no tuvieron la suficiente demanda por parte de los jóvenes.  Es difícil que esta demanda aumente de manera significativa si no se cambian otros elementos de la carrera docente para hacerla más atractiva.

En cuanto a formación en servicio, el documento menciona el fortalecimiento del PTA y su expansión a séptimo grado, pero no es claro en qué medida esta sería la (¿única?) estrategia de formación en servicio, en cuyo caso dejaría por fuera a los maestros que enseñan en otros grados así como los que enseñan en colegios no focalizados por el programa.

Más grave aún, no hay una sola mención al rol de las instituciones de educación superior en la formación inicial y continua de maestros y la necesidad de apoyarlas de manera contundente para que realicen mejoras significativas en la calidad de sus programas. ¿Qué estrategias se llevarán a cabo para asegurar un sistema de alta calidad en la formación de maestros? En el PND no se propone ninguna.

  1. Se evade la discusión sobre la necesidad de un currículo (o unos currículos) a nivel nacional.El documento reconoce algunos de los retos en torno al bajo nivel de aprendizaje de los estudiantes. También reconoce la importancia del desarrollo de ciertas competencias “para la vida” como la comunicación, la solución de problemas y las habilidades socioemocionales, pero no plantea una estrategia clara para asegurar su aprendizaje.

En particular, no hay una sola mención de la necesidad de contar con un currículo (o varios currículos) que orienten a los docentes sobre qué enseñar y cómo enseñar. Hay tan solo una mención de “secuencias didácticas” a partir de grado noveno para el aprendizaje de competencias socioemocionales. Seguir postergando esta discusión es lamentable pues al no tener una orientación clara sobre qué enseñar y cómo enseñar, sumado a la baja calidad de varios de los programas de formación de maestros (con algunas excepciones), se pone en riesgo el nivel de aprendizaje de los estudiantes.

  1. Faltan estrategias claras para cerrar brechas en calidad educativa.Cerrar las brechas entre las zonas rural y urbana e igualar las oportunidades requiere de apuestas contundentes para llevar lo mejor (infraestructura, docentes, textos escolares) a los niños, niñas y jóvenes que sufren de una carencia estructural de oportunidades educativas de calidad.

Esto quiere decir, por ejemplo, asegurar docentes de buena calidad en zonas apartadas o en zonas altamente afectadas por el conflicto. Lamentablemente, en el documento del PND no es claro qué se va a priorizar para cerrar brechas ni cuáles serán los mecanismos para hacerlo.

Por ejemplo ¿Habrá una mayor inversión en infraestructura en estas zonas? ¿Se aumentarán los incentivos monetarios para que los docentes vayan a trabajar a estas zonas y permanezcan en ellas? ¿Habrá nuevos incentivos y mecanismos para atraer y retener docentes en las zonas rurales? ¿Se reorientará la focalización de programas como PTA o Jornada Única a los niños, niñas y jóvenes que están con mayor desventaja?  Nada de esto es claro en el plan propuesto.

  1. Se queda corto en la propuesta para la educación media.Como se mencionó en “lo bueno” se reconoce la necesidad de liderar acciones concretas para el mejoramiento de la calidad de la educación media. Sin embargo, no se mencionan dos elementos que son fundamentales para asegurar que los jóvenes terminen la educación media y adquieran los aprendizajes necesarios para decidir sobre su proyecto de vida: infraestructura y docentes.

Primero, se requiere garantizar una oferta de educación media a zonas del país en donde los jóvenes simplemente finalizan sus estudios en grado noveno porque no existe la oferta de educación media (Sánchez et al., 2016). Esto requiere de construcción o adecuación de infraestructura específicamente para garantizar la oferta de grados 10 y 11, particularmente a jóvenes en zonas apartadas.

Segundo, la oferta de docentes especializados en, por ejemplo, media técnica es escasa (Garcia et al., 2016) y se requiere por lo tanto concursos para llenar las vacantes necesarias.  Más aún, relacionado con los puntos anteriores, se requieren estrategias específicas para la formación inicial y en servicio de los maestros en educación media, que garanticen el aprendizaje de los estudiantes de este nivel.

Lo feo

Sin duda, lo feo del plan de desarrollo del nuevo gobierno en materia de educación básica y media es la falta de coherencia entre lo que se propone en el documento de las bases del PND y el articulado. Como lo mencionó Guillermo Perry en un columna reciente, haciendo referencia al plan completo, le faltan dientes.

En el caso de educación, el articulado revela un instrumento sumamente importante, que es el presupuesto.  En efecto, el plan de inversión propuesto destina el 42 por ciento de los recursos a la línea de educación. Esto es sumamente importante y positivo. Sin embargo, antes de hacer fiesta, es necesario revisar con detenimiento la distribución de estos recursos (qué tanto se destinará a educación superior vs educación básica y media, y dentro de esta última qué proporción de recursos estarán destinados a implementar las estrategias propuestas para mejorar la calidad y cerrar las brechas).

Si bien esta información no está aún disponible, a juzgar por el articulado, no es claro que la prioridad de esta inversión vaya a ser en los elementos más importantes para enfrentar los retos de la educación básica y media.

Al mirar el articulado, es interesante contrastar el número de artículos en cada eje del plan: 94 artículos del pacto por la legalidad, 8 del pacto por el emprendimiento, la formalización y la productividad, y 73 en el pacto por la equidad.  De estos 73, solo 4 son de la “subsección” de educación, y tres de ellos hacen referencia a educación superior.  Solo uno de los 4 artículos se relaciona con calidad de básica y media (mejoramiento de infraestructura).

Por supuesto que cualificar la calidad de un plan con base en el número de artículos es superficial. No obstante, da una idea de las prioridades.  Tener pocos artículos para educación no serían un problema si el marco regulatorio y las políticas estructurales estuvieran claros y fueran totalmente coherentes con lo que se busca.  Ese no es el caso de educación básica y media.  Como lo muestra el mismo documento de las bases del PND, son múltiples los retos y se requieren cambios de gran envergadura para poderlos enfrentar. Hay vacíos importantes que merecen atención y “dientes”, y esto no es claro en el articulado.

Tristemente pareciera como si el equipo encargado de escribir el documento de las bases del PND no hubiera estado involucrado en la elaboración del articulado.  Esperemos que no sea así en la ejecución del plan. Y que se logren pasos importantes hacia la igualdad de oportunidades, comenzando por una educación de calidad para todos los niños, niñas y jóvenes, independientemente del lugar donde hayan nacido.

Artículo tomado de: La Silla Vacía