En la Mesa de Liderazgo Escolar resolvimos conversar, llevar nuevas preguntas, arriesgarnos a cuestionar y explorar otras palabras que nos impulsen a pensar y, sobre todo, a actuar distinto.

Por Catalina Ángel Pardo*

Mucho se ha dicho sobre el poder de las palabras. Las palabras evocan nostalgias del pasado, se entrelazan en escenas del presente y hacen tangibles los anhelos del futuro. Escritores, lingüistas, antropólogos, sociólogos, sicólogos, han otorgado a las palabras la capacidad de mantenernos vivos. Julio Cortázar decía que sin las palabras no existirían historias de amor… que existimos porque tenemos palabras y tenemos palabras porque existimos. Cortázar también decía que las palabras se agotan, se gastan y se enferman, así como pasa con las personas o con los caballos. Se enferman porque se usan mal, porque nadie sabe dónde ponerlas y se golpean tanto, que pierden su vitalidad.

En las conversaciones de los colombianos, rondan como círculos imparables, palabras de dolor, de desconcierto, de miedo. Una escena de amor, un poema de aventuras o un cuento de fantasía es, a menudo, interrumpido por la noticia desgarradora de un asesinato, un desfalco o un nuevo episodio del conflicto. Pero, existen otras palabras que se vuelven consentidas. Las pulimos, las brillamos e incluso, las empollamos para que crezcan, las arropamos para que no se enfermen y las dejamos salir a la calle para que ayuden a armar el mundo de otra forma. Entonces, se convierten en pájaros, en sonrisas, en confianzas, en serendipias, en ojalás, en choque esos cinco, en lo hicimos juntos.

El mundo parece otro cuando recogemos las palabras y las usamos para armar andamios o para ponerlas en la mesa. ¿Quién no se ha sentido distinto después de una conversación a la hora de la cena?, ¿quién no se ha despedido de un almuerzo con la reconfortante satisfacción de un buen consejo?, ¿quién no ha empezado su día con las ganas locas de resolver un acertijo que apareció justo en el último bocado del desayuno?

Tenemos la urgencia vital de edificar nuevas palabras que nos permitan nombrar el mundo de otra manera. Esta es la razón que motivó a un grupo de organizaciones de la sociedad civil, a universidades, al Ministerio de Educación Nacional y a organismos de cooperación internacional a crear la Mesa de Liderazgo Escolar que viene sesionando desde noviembre de 2018. En ella resolvimos conversar, llevar nuevas preguntas, arriesgarnos a cuestionar y explorar otras palabras que nos impulsen a pensar y, sobre todo, a actuar distinto.

No significa esto, hacer invisible lo que no queremos ver o llenarnos de falsas frases de positivismo, de decir a todo “tú puedes” o “la respuesta está en ti”. El liderazgo no es eso. El liderazgo directivo transforma las palabras gastadas por el poder y abre la puerta para que, palabras como unión, confianza, horizontalidad, conflicto, transformación, pedagogía, esperanza, práctica, acción, empoderamiento y una larga lista de otras palabras, que posiblemente aún no inventamos, irrumpan en la órbita de la educación y funden nuevos andamios que nos acerquen, cada vez más, a lo que queremos.

Todos admitimos que el liderazgo directivo tiene el segundo lugar de importancia entre los factores que intervienen en la educación de calidad; el primero son los maestros. También sabemos que, hacer honor a este destacado lugar exige mejorar las condiciones para que el liderazgo de los rectores, coordinadores y directores rurales encuentre a su paso una enorme cadena de relaciones humanas que lo hagan cada vez más más fuerte.

Solo por nombrar algunos retos que se discuten en la Mesa, es necesario tener en cuenta que, por ejemplo, la infraestructura escolar en las zonas rurales tiene, en promedio, 37 años de haber sido construida y, por ello, el 70 % no cuenta con alcantarillado. La dispersión de las sedes escolares y su cantidad es otro problema: en promedio, cada institución cuenta con 4.67 sedes que, en algunos casos, se encuentran a varios días de camino de distancia. En los colegios rurales más del 18% de los maestros son provisionales y en los urbanos esta cifra llega al 7.2%. De otro lado, el 99% de la oferta de educación superior está concentrada en las grandes y medianas ciudades. Por eso, traeremos a las conversaciones asuntos como la selección de los mejores líderes para nuestros colegios, la formación y el acompañamiento por parte de todas las organizaciones, el papel de la evaluación formativa, la proyección de la carrera y los incentivos.

Estamos en el siglo XXI construyendo los fundamentos que harán realidad la sociedad que soñamos y necesitamos. Existen abundantes pruebas de que la educación es uno de ellos. Armemos nuevas palabras, sigamos inventándonos el mundo. El camino del liderazgo directivo es una gran puerta de entrada.

*Asesora en la Fundación Empresarios por la Educación, una organización de la sociedad civil que conecta sueños, proyectos, actores y recursos para contribuir al mejoramiento de la calidad educativa.?

Fuente original: EL MUNDO