Los grupos interactivos se han convertido en el abono de nuevos aprendizajes para toda la comunidad educativa de las escuelas rurales multigrado en FloridaProponemos pensar la experiencia pedagógica como una relación entre sujetos en la que prevalecen el sentido de la reflexión y el de la creación.

Por: Javier Hernández*

La Institución Educativa rural Atanasio Girardot del municipio de Florida, Valle del Cauca, desde hace año y medio decidió transformar tres de sus seis sedes en Comunidades de Aprendizaje. Así, con el acompañamiento de la Fundación Empresarios por la Educación y la Fundación Caicedo González Riopaila Castilla, hemos podido evidenciar cambios fundamentales en el día a día, familias más comprometidas en las actividades escolares, docentes que encuentran otras formas de valorar el proceso de enseñanza-aprendizaje de los y las estudiantes. Estos últimos empiezan a reconocer la escuela como un espacio de encuentro familiar, donde lo académico se fusiona con los juegos para hacer de las jornadas escolares una festividad educativa.

Es así como los grupos interactivos se han convertido en el abono de nuevos aprendizajespara toda la comunidad educativa de las escuelas rurales multigrado en Florida. Las madres de familia que recorren grandes distancias por caminos polvorientos, entre cañales, asisten como voluntarias para descubrir que su inteligencia cultural trasciende las actividades hogareñas, ahora su conocimiento se multiplica en cada grupo y a su vez aprenden de sus vecinos y las potencialidades de cada estudiante. “Los niños me tienen sorprendida, uno se sienta con ellos y se da cuenta de todo lo que aprenden en la escuela, pero también de verlos contentos con nuestra presencia y lo que nos enseñan a nosotras”, comenta Erika Quiñonez, madre de familia de uno de los chicos del colegio.

A partir de la implementación de esta actuación educativa de éxito, las escuelas, los territorios y la comunidad piensan, trabajan y crean sentido como un todo indivisible, el tejido social en la ruralidad genera nuevas interacciones, resistiendo a las precarias condiciones locativas y socioeconómicas que las escuelas rurales presentan, estas si bien se muestran como grandes retos para los y las docentes en el desarrollo de las múltiples actividades de los grupos interactivos, la solidaridad de la comunidad facilita materiales que provee el mismo entorno (cultivos, fauna, cultura afrodescendiente, flora, entre otros) y así fortalecer enseñanzas, en ciencias naturales, sociales y matemáticas.

Optimizar los recursos disponibles no sólo permite visibilizar estas complejidades de nuestras escuelas en el ámbito nacional, sino que suscita nuevas voluntades individuales y colectivas para encontrar soluciones locales, no dejarse aplacar por la lejanía y como pueblo afrocolombiano exigir a las entidades pertinentes lo necesario para mejorar la escuela y sus procesos de enseñanza-aprendizaje como escenario de transformación de la vida de comunidades enteras.

Así como esta escuela hay hoy otras 105 que en distintos rincones del Valle del Cauca, Antioquia, Cundinamarca, Atlántico, Santander, Putumayo y Caquetá han decidido no quedarse esperando a que las cosas les lleguen y le están apostando a mejorar aprendizajes haciéndolo en comunidad.

*Formador en el proyecto Comunidades de Aprendizaje en la Fundación Empresarios por la Educación, una organización de la sociedad civil que conecta sueños, proyectos, actores y recursos para contribuir al mejoramiento de la calidad educativa.

Fuente original: EL MUNDO