El empresario barranquillero asegura que el Acuerdo de Paz está funcionando y dice que espera una mejor reforma tributaria.

Como un “optimista incorregible” se describe el empresario barranquillero Antonio Celia, quien después de 26 años tomó la decisión de dejar la presidencia de Promigas con el fin de dedicarse a dos de las cosas que más le apasionan, como son: estar con su familia y estudiar.

Celia, quien es reconocido como un importante líder empresarial y social de la región y el país, aseguró en entrevista con EL HERALDO que ve con optimismo el futuro del Acuerdo de Paz y que le preocupa que frente al actual proceso electoral muchos colombianos se han cargado de “rabia y odio”.

Afirmó también que Promigas seguirá siendo una empresa barranquillera y que no cree que Colombia tenga a futuro problemas de abastecimiento de gas natural.

P. Así como en La Biblia está la creación del mundo, intente resumir en un párrafo su paso por Promigas.

R. Es una historia muy enriquecedora que ha logrado extraordinarios resultados gracias a un grupo de gente extraordinaria con dos características primordiales, son buenas personas y buenos profesionales.

P. ¿Seguirá Promigas siendo barranquillera tras su salida?

R. Promigas está metida en las raíces del Caribe y de Barranquilla en especial.

P. En varias ocasiones ha cuestionado el exceso de reglamentación en el sector energético, ¿cómo ve el panorama?

R. La historia del éxito de Promigas tiene mucho que ver con la historia del éxito del gas en Colombia, es uno de los casos de mostrar en el mundo, producto de una inversión privada seria y dinámica, buena regulación, buen control y un sistema de subsidios cruzados adecuado. El reto es mantener eso, lo que está pasando con la regulación, en mi opinión, es que se ha complejizado excesivamente y cuando esto sucede, empieza a romperse la confianza y todo se demora. La regulación claramente tiene que ser revisada, en buen momento Planeación Nacional está acometiendo los esfuerzos para reformar la Comisión de Regulación (Creg) y hay recomendaciones de la Ocde en este sentido. La Comisión tiene que mantener su calidad, su profesionalismo y el dinamismo, porque la oportunidad en las decisiones regulatorias es fundamental y eso no está pasando, se está demorando demasiado. Esto lo hemos planteado de la manera más respetuosa, siempre con argumentos.

P. ¿Es tranquilizante el abastecimiento y suministro del gas natural, es decir está garantizado para la Costa y para Colombia?

R. No creo que haya mayores problemas, pero toca tomar decisiones y lo difícil es que esto se debe hacer bajo incertidumbre. Los próximos diez o doce años están garantizados, no hay problema, pero claramente no podríamos soportar una variación del consumo repentino del 40% más, que se presenta cuando hay fenómeno de El Niño. De allí, la construcción de la planta regasificadora que es un seguro de vida para que aún en los momentos de máxima demanda se atienda el sector de generación. Pero también hay muchas posibilidades de suplir la demanda adicional que puede venir dentro de unos doce años en adelante. Puedes mirar el gas offshore, Venezuela sería lo ideal, pero su situación política no lo permite, sin embargo esto podría cambiar. También puede ser una planta de LNG (Gas Natural Licuado) en el Pacífico u otra planta en el Caribe. El gas de esquisto creo que se está demonizando demasiado, no hay que descartarlo, hay que mirar caso por caso, entendiendo que se debe ser profundamente respetuoso con los temas ambientales.

P. ¿Es fácil dejar de ser un cacao?

R. Nunca me he sentido eso, no se qué es eso, me gusta trabajar y disfrutar la vida, creo que voy a tener otras cosas que hacer que van a llenar mi tiempo. Afortunadamente he desarrollado en la vida muchos intereses. La importancia de estos cargos es efímera, tengo una vida muy rica y me hacen falta mis amigos.

P. Ha apoyado al presidente Santos y en particular al proceso de paz, normalmente los empresarios son más discretos en manifestaciones de tipo político. ¿Qué te llevó a destaparte de esta manera?

R. Creo profundamente en que la manera de acabar los conflictos es con el diálogo. Esto posiblemente muchos no lo recuerdan y es que en 2002, cuando fracasó lo del Caguán, el presidente Pastrana nos pidió que viajáramos a La Habana a retomar los diálogos, estuve allá una semana y adelantamos mucho. Esto es para mostrar mi convicción de que estos conflictos deben ser resueltos con el diálogo, no conozco ningún conflicto en el mundo que no se haya resuelto así. Saber cuál es la mezcla entre justicia y paz, es el secreto de todo. Siempre pongo un ejemplo a mis amigos, en las últimas elecciones la queja fue que se terminaron los tarjetones y no que en tal o cual pueblo, las Farc no dejaron votar.

P. Usted tenía una actitud comprensiva y de cercanía con el presidente Santos, ¿eso nadie se lo ha reprochado?

R. Creo que los amigos tienen que mantener la independencia para decir lo que piensan, nunca he perdido ni espero perder el pensamiento crítico frente a cualquiera de mis amigos. He tenido una relación muy cercana con el presidente Santos, él me ha honrado con muchas decisiones y he estado de acuerdo con muchas cosas que ha hecho, porque en esencia soy un ser de pensamiento liberal y las ideas del presidente Santos son liberales, pero no estoy de acuerdo con todo lo que el Gobierno ha hecho.

P. ¿Por ejemplo, con qué no estuvo de acuerdo?

R. Hubiera preferido una mejor reforma tributaria. Varios empresarios planteamos que la reforma se hiciera antes del plebiscito. El diálogo público privado deber se enriquecedor alrededor de los puntos que nos unen, las democracias actuales que son tan emotivas y tan convulsionadas requieren pactos. Acabamos de hacer, hace un año, un pacto por la educación de Barranquilla y ayer publicamos un pacto por la productividad.

Un pacto quiere decir que estamos de acuerdo en ciertos temas, aunque no lo estemos en todos. Creo que no hay apoyos incondicionales, mal espera una persona que aprecia a otra que no le diga lo que piensa.

Hay algo que valoro mucho y es la libertad y la independencia. Podría decir que hay muchos logros de este Gobierno que no se han destacado y desde luego también hay errores.

P. ¿Qué piensa del Acuerdo de Paz con ‘Santrich’ preso e Iván Márquez renunciando a su escaño?, ¿le preocupa la deriva que está teniendo?

R. Soy un optimista incorregible, creo que son cosas que pasan, obstáculos que se presentan que hay que superar, las responsabilidades de cualquiera de ellos deben ser individuales, no creo que eso ponga en peligro el Acuerdo de Paz, por el contrario, si un señor delinque, ya está establecido en el acuerdo que se debe castigar con la pena que corresponda. Antes de ser un fracaso del acuerdo, es que está funcionando.

Esto no debe tener reversa, por supuesto va haber dificultades, pero a los ciudadanos nos toca velar para que el acuerdo se cumpla. El Estado tiene que ser más efectivo y las Farc deben poner lo que corresponda para cumplir con su parte.

P. ¿Cómo percibe la situación política del país, sobre todo en la antesala de las elecciones?

R. Me parece que en general Colombia tiene una larga trayectoria democrática y hay buenos candidatos. También soy optimista en esta materia, lo que no me gusta es que estamos cargándonos de rabia y odio. El columnista de EL HERALDO, Alonso Sánchez Baute, lanzó un libro que se llama ‘Las formas de odio’, el cual me pidió que se lo prologara. En este libro lo que dice es que no odie, pero lo hace, procure que no lleve a una venganza o rencor. Debemos entender que somos diferentes y que nuestro adversario no es nuestro enemigo.

P. Siempre ha mostrado un interés por la educación, ¿qué significa un país educado?

R. Es un país con equidad, con igualdad de oportunidades, que es el imperativo moral más grande que tenemos, un país con inclusión, con movilidad social, la educación es todo, es libertad y permite que la gente haga lo que valora. Esa es la gran tarea pendiente de Barranquilla, Colombia y América Latina, aspiramos a ser el país más educado en el 2025 y aunque hemos avanzado, todavía nos falta muchísimo, hay que poner metas precisas como lo hicimos en Barranquilla hace un año, insisto en reconocer y celebrar el paso que dio en su momento la secretaria de Educación, Karen Abudimen, y el alcalde Char de hacer ese pacto que es una hoja de ruta medible con metas ambiciosas y objetivas para saber cómo vamos en materia de educación.

P. ¿Qué papel deben jugar las humanidades en un mundo donde se valora cada vez más la ciencia?

R. Está demostrado que parte central de la educación actual tiene que ver con el pensamiento crítico, que es, en un sentido coloquial, no tragar entero, hacer buenos juicios, contrastar, preguntar. Es todo lo que tiene la filosofía socrática, que a través de las preguntas terminas descubriendo la verdad. Falta mucho en materia de pensamiento crítico, y ahora con el internet, peor aún, porque la gente creen que lo que internet dice, es verdad. Entonces el pensamiento crítico es el eje central de la educación, junto con comprensión de lectura. En la organización estamos estimulando en pensamiento crítico y está demostrado que tiene que ver con las humanidades y con la filosofía socrática. Hay una filósofa llamada Martha Nussbaum, que tiene un documento muy interesante que se llama ‘Sin fines de lucro’ y otros libros parecidos donde enfatiza la importancia de la enseñanza de las humanidades en la formación de la gente. El caso de la lectura, por ejemplo, se me ha vuelto un tema casi obsesivo, en Promigas tenemos un programa de lectura, leer acompaña, forma, abre unos mundos amplísimos y enseña a expresarse, a confrontar, a defender argumentos, por lo tanto las humanidades son esenciales en la educación integral del ser humano.

P. ¿Cómo ve la situación de Barranquilla?

R. La veo muy bien, hemos mejorado enormemente en los últimos quince años y la razón principal son los buenos gobiernos que hemos tenido, ese es el elemento central de las mejoras que celebramos, y la mayoría de las perspectivas. Hay que entender que el camino del progreso es largo, toma tiempo y hay que mantener los pies sobre la tierra, no podemos caer en la autocomplacencia, hay que mantener el rumbo, pues todavía falta mucho, ese es el gran reto. Hay que mantener un sentido de crítica constructiva, cuando haya lugar, a fin de que no cejemos en el empeño de seguir avanzando. Como sabemos hay lunares que aparecen en la mayoría de las encuestas de los Cómo vamos, el tema de las seguridad es imperativo mejorarlo, la educación que ha mejorado mucho, pero es una carrera que no termina, en la movilidad hay que apostarle a que el Transmetro funcione mejor, vamos bien, los barranquilleros estamos orgullos de la ciudad.

P. En su célebre discurso usted habló de “grupos de interés que no permiten la reforma que necesitamos”, ¿cuál es esta reforma y a qué grupos de interés se refería?

R. Me refiero en general a las reformas que el país necesita, a que la democracia es el gobierno de la discusión, por lo cual es difícil llegar a ciertos consensos. Esto aplica a muchas reformas, cuando hay grupos con intereses creados, hay que defender posiciones. Posiblemente estaba pensando en la Reforma Tributaria, lo que había recomendado a la Comisión de Expertos que era realmente muy bueno, y en el Consejo Privado de Competitividad tratamos de convencer a las bancadas de que se mantuvieran en su esencia, pero no se pudo. Hay que tener visión de largo plazo, entender que no podemos estar abocados a una reforma tributaria cada dos o tres años, porque esa inestabilidad genera incertidumbre y espanta la inversión. Hay que entender que no se pueden mantener, en los casos que existan, ventajas y prebendas, porque es algo que cuesta, de algún lado tiene que salir. Vamos a ver si el próximo gobierno, quien sea quien gane la Presidencia, hace una reforma tributaria que dure. Hay que tener la grandeza para entender que si nos toca poner a todos hay que hacerlo, pero también en el caso de la reforma tributaria, se busca ampliar las bases de la gente que contribuye.

P. También se ha referido en varias ocasiones al problema de la informalidad laboral, ¿esto cómo se soluciona?

R. Esto termina siendo una decisión racional, la gente que es informal escoge serlo porque vale mucho ser formal, hay que establecer incentivos para que se formalicen, que paguen pocos impuestos a cambio de que se les de una amnistía, reducción de trámites, en fin, que haya una serie de medidas, no es un tema fácil porque es algo que se ha enquistado y que obedece a una serie de complejidades que el Estado establece, que hace difíciles las cosas. Parte de esto tiene que ver con reducir la complejidad y saber que debe haber incentivos, pero también castigos para la gente que evade y que no se formaliza, es una tarea ardua pero hay que empezarla porque nos cuesta mucho a todos.

P. ¿Cuál es su modelo de líder político y de líder empresarial?

R. En general admiro a la gente que se compromete con causas nobles, aprecio particularmente la diversidad, la democracia, el respeto por los demás, soy de ideas liberales y me gusta interactuar con la gente. Todas estas características las admiro en un líder político y empresarial. El conocimiento tiene un valor enorme, el buen trato y el pensamiento crítico, cuando los observo en un líder me causa admiración.

P. Dijo en su carta que la enfermedad le enseñó la fragilidad humana y decidió “cambiar de prioridades”, ¿cuáles son esas prioridades?

R. Cuando me refería a prioridades, es que uno se mete en este torbellino del mundo empresarial, y aunque trabajo con unas ganas enormes y me gusta mucho lo que hago, es una vida muy exigente y demandante donde uno no es dueño de su tiempo, en muchos casos hay que aplazar cosas tan simples como una ida a cine o una visita a sus padres o un almuerzo con sus hijos por compromisos casi siempre laborales.

Decido retirarme en septiembre por querer darle prioridad, al observar la fragilidad de la vida en carne propia, a estudiar y pasar más tiempo con mi familia, y aunque siempre han sido prioridades les había sobrepuesto el sentido de la responsabilidad y el compromiso, en nuestra compañía hay un enorme compromiso con los accionistas, con la junta, con los empleados. Siento que es el momento de jubilarme para hacer esto que menciono, que me ha dado una enorme satisfacción.

P. Dicen que el mejor aprendizaje se hace de los errores, ¿recuerda algún error que haya cometido?

R. Errores cometemos todos, pero hay que aprender de ellos, tengo una anécdota interesante que quiero mencionar, cuando me escogieron hace tres o cuatro años para dar el discurso de graduación en el Icesi, le pregunté a Tony, mi hijo mayor, que estaba almorzando conmigo, qué quería que dijera ese mensaje, teniendo en cuenta que los graduandos eran muchachos de su edad, y se quedó pensando y me dijo: “Creo que vale la pena que les digas que no le tengan miedo al error” y eso hice, redacté un párrafo que salió bastante bien, y les dije a los muchachos que no tengan miedo al error, pues cuando son de buena fe enseñan y aunque uno evitar equivocarse, suceden. La mayoría de las grandes ideas empresariales han resultado de una serie de errores que van generando un aprendizaje que luego se capitaliza.

P. ¿Qué les diría a los jóvenes que empiezan el camino de la empresa y el emprendimiento?

R. Me encanta hablar con los jóvenes porque siento que rejuvenezco, a los jóvenes que están en Promigas siempre les pregunto qué les gusta hacer, no es una respuesta que todo el mundo encuentre fácil. La educación, parte de la clave de descubrir las vocaciones de la gente tempranamente porque la gente es feliz cuando hace lo que le gusta, pero no es fácil porque hoy en día se gradúan los muchachos muy jóvenes. El secreto está en que tengan buenos profesores de las diferentes materias para que hagan que los muchachos se sientan atraídos a las ciencias, las matemáticas o a las humanidades y tengan un espectro amplio de donde escoger. También les digo que lean mucho, que tengan pensamiento crítico, que no traguen entero, que sean buenas personas, que piensen que también tienen unos compromisos como ciudadanos, elegir, votar, comprometerse con su ciudad, su región y que no se cansen de leer lo que les guste, es algo tan democrático y tan barato que hay que aprovecharlo.

Articulo tomado de: El Heraldo.co